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miércoles, 16 de agosto de 2017

“NO SERÉ CUCHILLO DE NADIE”


La frase, pronunciada con fuerza y reiteradamente por Carlos Baca, Fiscal General del Estado, da mucho que pensar, pues él no es un ciudadano común sino la máxima autoridad en la investigación del delito y quien orienta a los jueces para perseguirlo y castigarlo. En sus manos se halla la investigación de los más grandes crímenes cometidos en lo que va del siglo XXI contra la patria ecuatoriana, su pueblo y su Estado en la forma de cohechos , sobornos, coimas, peculados, lavado de dinero, evasión de impuestos, enriquecimiento ilícito y asociaciones de grandes saqueadores de los bienes públicos.

Una maraña descomunal a ser desnudada por la Fiscalía General. Sentado muy orondo en medio de ese mundo del crimen se halla Carlos Pareja Yanuzelli, alias Capaya. Delincuente prófugo de la justicia ecuatoriana que acaba de ser traído en avión expreso desde su refugio de Miami, donde se cobijaba bajo el ala amorosa de los hermanos Isaías, igualmente prófugos de la justicia ecuatoriana. Un retorno dignificante para el delincuente, en que no estuvo esposado ni escoltado por policías sino por el presidente de la Asamblea Nacional José Serrano. Nada menos.

Aquí le esperaba un gran despliegue mediático y sólo faltó la alfombra roja. Justamente con la llegada de Capaya el Fiscal pronunció su histórica frase “Yo no seré cuchillo de nadie”, a la que se juntan estas otras expresiones: “…hay presiones sobre los fiscales que están investigando estos casos de corrupción…No voy a ceder a ninguna presión, actuaré en justicia, no perseguiré a nadie”. (EL TELEGRAFO, martes 15 de agosto, pág.02). Más claro no canta un gallo: esas presiones al Fiscal General son para convertirlo en cuchillo y que el cuchillo les corte la yugular a tales o cuales víctimas previamente señaladas.

Cierto que al Fiscal Carlos Baca le honra esta rotunda negativa a jugar el triste papel de verdugo, pero ¿contra quién o quiénes apuntan estos diabólicos designios? No puede ser contra el presidente Lenín Moreno, cuya cabeza pedían a grito pelado los camisas negras durante la campaña electoral. No puede serlo porque los representantes de estos y sus ídolos políticos forman hoy parte amable y democrática de los diálogos convocados por el presidente. Esperemos. En medio del tsunami político que se inicia con el arribo de Capaya, se verá con claridad hacia dónde se dirigen los cuchillos, quienes son los emboscados que los afilan aquí y en Miami, y cuál es la finalidad del programado corte de cabezas.

Y hablando de la justicia ecuatoriana, no está por demás recordar algunos hechos clamorosos ocurridos en gobiernos anteriores. Por ejemplo, cuando ejercía su autoritario mandato presidencial, León Febres Cordero sitió a la Corte Suprema de Justicia con aparatoso despliegue militar demandando su renuncia, por no satisfacerlo en sus pretensiones judiciales.

En otro capítulo de su nefasto mandato, el líder socialcristiano trajo de Venezuela a un prófugo de la justicia: el ex ministro del petróleo Galo Pico Mantilla, autor con Otto Arosemena de los sucios negociados del Golfo de Guayaquil, entregado al consorcio norteamericano ADA, por lo que fue sentenciado a cinco años de prisión, que no los pagó nunca. De retorno al país, el régimen socialcristiano le premió concediéndolo nada menos que el cargo de… ¡Presidente de la Corte Suprema de Justicia! Ahora los dirigentes de la derecha ecuatoriana se erigen en campeones de la anticorrupción y de la transparencia. Ver para creer. 

E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe 

domingo, 22 de julio de 2012

CUARENTA AÑOS, Y TODAVÍA….

 Sureditores acaba de publicar la novena edición del libro intitulado EL FESTÍN DEL PETROLEO, cuya primera edición apareció en 1972, poco después del golpe de Estado que derrocó al nefasto Quinto Velasquismo, que se fue llevando dos cadáveres monumentales, ambos correspondientes a destacados líderes universitarios: Milton Reyes y Rafael Brito, el primero de los cuales apareció destrozado al fondo de una quebrada, en Quito, y el segundo en las aguas tenebrosas de La Chocolatera, en nuestro mar Pacífico, donde los tiburones respetaron su humanidad, que no la respetaron los torturadores y asesinos educados por los yanquis en la Escuela de las Américas.

Aquel libro causó entonces una verdadera conmoción nacional, pues mostraba con lujo de detalles, incluidos documentos y mapas, cómo el país había sido retaceado en  un sinfín de concesiones petroleras, que constituían verdaderos obsequios a las multinacionales, comenzando por Texaco, Gulf, Shell , etc. En la alegre danza de las concesiones bailaban los Siete Dinosaurios, como el autor, Jaime Galarza, denominó a las Siete Hermanas que entonces estaban apoderadas del petróleo del mundo, salvo Rusia y China. Por su parte, el Consorcio ADA, empresa fantasma de Estados Unidos, había caído sobre el Golfo de Guayaquil para disfrutar por medio siglo de su gas y su petróleo, gracias al entreguismo del corrupto gobierno de Otto Arosemena Gómez, emblemático abanderado de la oligarquía guayaquileña.
En las páginas del libro desfilaban numerosos gobiernos civiles y militares, políticos de nota, periodistas lameculos, jerarcas católicos, parlamentarios insignes y otras malas hierbas, que asfixiaban al jardín de la democracia que nunca florecía. Y claro, asomaba el esplendor de las construcciones privadas, palacetes y urbanizaciones de los beneficiarios del festín, destacándose los banqueros que amasarían fortunas a la sombra de la orgía petrolera, para poco después dejar en la ruina a millones de ecuatorianos cuyos   ahorros se los tragaron en masa, en complicidad con los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.
El destape de esa enorme cantidad de ollas podridas causó inmensa náusea al pueblo ecuatoriano, que respaldó al irreverente denunciante del festín, pero también el odio de los chefs criollos y extranjeros de aquellos platos hediondos e intoxicantes. El autor pagó su audacia con dos años de cárcel en el PenalGarcía Moreno, pero sus revelaciones sirvieron de algo en cuanto a generar una conciencia de país y castigar, aunque tímida y parcialmente, a ciertos capos del festín como el ex Ministro Galo Pico Mantilla que fue condenado a cinco años de prisión por los negociados del Golfo, pero que no pasó un minuto tras las rejas, pues huyó con su fortuna a Venezuela para retornar alegremente años después, de la mano de León Febres Cordero, quien lo entronizó como Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Cuarenta años después de aparecido, con esta novena edición  El Festín del Petróleo sigue con vida y es nuevamente buscado por muchos, especialmente por los militantes de la Juventud Revolucionaria de Alianza País.