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jueves, 20 de junio de 2013

EL CÓNDOR PASA


No, la hermosa melodía que lleva este título, no ha pasado, no ha perdido vigencia, pues responde al eterno espíritu creativo del artista, a la conjunción del sentimiento y la naturaleza, al abrazo permanente del hombre y el paisaje. Tampoco pasa de actualidad, no puede pasar nunca la orgullosa presencia del rey de los Andes, que corona nuestro escudo nacional, aunque el ventarrón capitalista, que arrasa con todo, estuvo a punto de extinguirlo, pero hoy tiende a conservarse gracias a la conciencia ecológica que va ganando a la joven generación y a los niños del mundo.
Por desgracia, hay otro "cóndor´´ que tampoco pasa, y que está muy vivo y al acecho de nuevas cacerías: el Plan Cóndor, inventado por las dictaduras militares del continente en las décadas del 60 y el 70 del pasado siglo, y que tuvo por comandante en jefe al matador del pueblo chileno, Augusto Pinochet y figuras emblemáticas como el general Jorge Videla, que acaba de ser recuperado por el infierno, mientras en Guatemala a Ríos Montt, fascista de la misma camada, le espera una provechosa condena de 80 años de prisión.
Claro que todo este “gang” de asesinos no fue otra cosa que hechura de la CIA y la Escuela de las Américas, nido de gorilas uniformados que infamaban a los amables gorilas de las selvas africanas. Y hechura también del Mossad, la CIA de Israel, centro de exportación de terroristas e instructores de escuadrones de la muerte.
El Plan Cóndor, cuya magnitud recién comienza a ser documentada, cubrió de sangre y lágrimas los campos y las urbes de Nuestra América, en la demencial campaña imperialista para erradicar agrupaciones e ideas "comunistas", término acuñado para designar a todo tipo de nacionalistas, soñadores y progresistas del mapamundi. Por fortuna, en América (en toda ella), la memoria histórica es fuerte e indestructible. De allí que se van uniendo voces, cabezas e iniciativas para llevar adelante el pleno descubrimiento de las fechorías criminales del Plan Cóndor, que habrá de terminar en un enorme Nuremberg, superior al que juzgó a los nazis al término de la Segunda Guerra Mundial.
Por cierto los Kissinger y los Bush figurarán entre los principales sentenciados, mientras Jaime Roldós Aguilera, Omar Torrijos e incontables millares de víctimas del macabro Plan, se convertirán en bandera universal de los derechos humanos...  

E-mail: jaigal34@yahoo.es         Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

domingo, 22 de julio de 2012

CUARENTA AÑOS, Y TODAVÍA….

 Sureditores acaba de publicar la novena edición del libro intitulado EL FESTÍN DEL PETROLEO, cuya primera edición apareció en 1972, poco después del golpe de Estado que derrocó al nefasto Quinto Velasquismo, que se fue llevando dos cadáveres monumentales, ambos correspondientes a destacados líderes universitarios: Milton Reyes y Rafael Brito, el primero de los cuales apareció destrozado al fondo de una quebrada, en Quito, y el segundo en las aguas tenebrosas de La Chocolatera, en nuestro mar Pacífico, donde los tiburones respetaron su humanidad, que no la respetaron los torturadores y asesinos educados por los yanquis en la Escuela de las Américas.

Aquel libro causó entonces una verdadera conmoción nacional, pues mostraba con lujo de detalles, incluidos documentos y mapas, cómo el país había sido retaceado en  un sinfín de concesiones petroleras, que constituían verdaderos obsequios a las multinacionales, comenzando por Texaco, Gulf, Shell , etc. En la alegre danza de las concesiones bailaban los Siete Dinosaurios, como el autor, Jaime Galarza, denominó a las Siete Hermanas que entonces estaban apoderadas del petróleo del mundo, salvo Rusia y China. Por su parte, el Consorcio ADA, empresa fantasma de Estados Unidos, había caído sobre el Golfo de Guayaquil para disfrutar por medio siglo de su gas y su petróleo, gracias al entreguismo del corrupto gobierno de Otto Arosemena Gómez, emblemático abanderado de la oligarquía guayaquileña.
En las páginas del libro desfilaban numerosos gobiernos civiles y militares, políticos de nota, periodistas lameculos, jerarcas católicos, parlamentarios insignes y otras malas hierbas, que asfixiaban al jardín de la democracia que nunca florecía. Y claro, asomaba el esplendor de las construcciones privadas, palacetes y urbanizaciones de los beneficiarios del festín, destacándose los banqueros que amasarían fortunas a la sombra de la orgía petrolera, para poco después dejar en la ruina a millones de ecuatorianos cuyos   ahorros se los tragaron en masa, en complicidad con los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.
El destape de esa enorme cantidad de ollas podridas causó inmensa náusea al pueblo ecuatoriano, que respaldó al irreverente denunciante del festín, pero también el odio de los chefs criollos y extranjeros de aquellos platos hediondos e intoxicantes. El autor pagó su audacia con dos años de cárcel en el PenalGarcía Moreno, pero sus revelaciones sirvieron de algo en cuanto a generar una conciencia de país y castigar, aunque tímida y parcialmente, a ciertos capos del festín como el ex Ministro Galo Pico Mantilla que fue condenado a cinco años de prisión por los negociados del Golfo, pero que no pasó un minuto tras las rejas, pues huyó con su fortuna a Venezuela para retornar alegremente años después, de la mano de León Febres Cordero, quien lo entronizó como Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Cuarenta años después de aparecido, con esta novena edición  El Festín del Petróleo sigue con vida y es nuevamente buscado por muchos, especialmente por los militantes de la Juventud Revolucionaria de Alianza País.