En 1970 este columnista publicó en Quito uno de sus poemarios, "El
aire del hombre". Incluía una composición que se titula "El
sectario", que fragmentariamente expresa:
"Es tuerto de alma. /Un ojo solamente para mirar el mundo/ que no
es redondo,/ que gira y se desplaza.../Se cree el campanero de la vida./ El que
no acude al son de su campana/ queda sagradamente excomulgado."
Desgraciadamente, esos tuertos de alma, que no ven más allá de sus
narices, sus sectas y sus conveniencias, abundan en el mundo. Abundaron
siempre, desde la Inquisición hasta las barras bravas del fútbol. En política,
sus extremos se tocan en el nazifascismo y el estalinismo. Dentro de este
campo, sectas y sectarios también surgen en el campo de la democracia
participativa, haciendo que sea cabalmente poco participativa.
La presencia de estos tuertos de alma ha generado abundante material de crítica,
expresada o no dicha, dentro de Alianza País, antes de las elecciones del
último 23 de febrero, pero especialmente a raíz de ellas. Y ha sido nada menos
que su máximo líder, el presidente Rafael Correa, quien ha marcado con fuego al
sectarismo. Y bien que lo hiciera. En los procesos revolucionarios este
fenómeno es funesto. Los tuertos de alma deforman, unilateralizan, desvían y
estancan el avance de los pueblos. Esto ocurrió, por ejemplo, a comienzos
de la Revolución Cubana, cuando un viejo grupo de dirigentes comunistas,
procedentes del Partido Socialista Popular, fue trepando hábilmente a
importantes funciones del nuevo régimen, a pesar de que durante la heroica
gesta de la Sierra Maestra se habían opuesto a la guerra revolucionaria y
denigraban a Fidel Castro, Raúl, Che Guevara y demás comandantes como
aventureros pequeño burgueses. Fidel se dió cuenta a tiempo del grave peligro
del sectarismo, que lo encabezaba Aníbal Escalante, y abrió un implacable
proceso de debate y medidas concretas para extirpar este naciente cáncer que,
entre otras acciones, se había dado a la tarea de eliminar el nombre de Dios de
trascendentales documentos históricos, pretendiendo que con ello hacían
honores al marxismo-leninismo. Eliminado el sectarismo, la Revolución siguió
adelante y la militancia sana de aquel viejo partido se unió a los demás
-Movimiento 26 de Julio, Directorio Estudiantil Revolucionario, etc.- para
organizar primero las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas) y, años
después, el actual Partido Comunista de Cuba.
El caso del Ecuador actual es diferente. Vivimos un proceso que no nació
de una guerra revolucionaria sino con todas las debilidades y taras de la
democracia representativa, los resabios de la partidocracia y los efectos de un
fuerte liderazgo individual que no estuvo acompañado de una previa organización
política y que se asentó - se asienta aún- sobre una heterogénea montaña de
fervorosos partidarios y electores poco , y a veces nada, adentrados en los
postulados de la Revolución Ciudadana y los principios del aclamado socialismo del Siglo XXI. Esto se puso ya en evidencia el 30-S, y pudo tener las
consecuencias de un magnicidio, a no ser por la resuelta actitud del presidente
Correa y el caudaloso movimiento espontáneo del pueblo.
En estos momentos, las acciones contra el sectarismo son imprescindibles
e impostergables. El debate sobre la reelección indefinida debería quedar para
luego, una vez que se ajusten las cargas para seguir el camino, como nos
enseñan los buenos arrieros. Las tareas son múltiples y nada fáciles. Entre las
principales cuenta el examen de la composición de la militancia, no para
eliminar a nadie por causa de antecedentes de otras militancias, o porque no
nos gusta su pasado derechista o socialdemócrata, sino para ubicarlos en
células, brigadas o colectivos -como quiera que se los llame- a fin de que se
dediquen a organizar a los demás, en barrios, comunidades, planteles, etc. con
el objeto de emprender en acciones concretas, no propiamente electorales, sino
referidas al desarrollo social, la seguridad, los derechos humanos, la solidaridad.
Allí surgirán nuevos y nuevos conductores de todo nivel, que serán reconocidos
por la masa, sin necesidad de que se hallen trepados a la espalda del líder
principal. Para ello, claro está, hay que alejar de los puestos de mando a los
tuertos de alma.
E-mail: jaigal34@yahoo.es
Twitter: @jaigal34
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P.D. Le
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a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis
Fernando Carvajal Herrera.
Atte.
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