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miércoles, 9 de diciembre de 2015

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA


Los revolucionarios son cabezas duras para asimilar la realidad, y presas fáciles de la fantasía y la ilusión. Ocurre siempre cuando llegan arriba. En tal caso, se producen frecuentes manifestaciones de esa enfermedad de altura que es la arrogancia del poder. Gobernantes, parlamentarios, autoridades que se hallan en la línea, se tornan triunfalistas, se enconchan como galápagos frente a la crítica, abren su oído solo al elogio y a los cantos de sirena. Se ciegan a la presencia de los agentes del fracaso, que generalmente son aduladores que alaban a quienes mandan mientras ellos meten la mano en el bolsillo del pueblo, en ministerios, aduanas, gobiernos seccionales, dondequiera. Aquellos dirigentes equivocados, pudiendo atraer a los amigos y a los vacilantes, los menosprecian, los marginan, incluso los condenan.

Este panorama lo conocemos bien los ecuatorianos. Fue lo sucedido el 23 de febrero del 2014 cuando Alianza País sufrió una estrepitosa derrota nacional, tan catastrófica que esa misma noche el presidente Rafael Correa  criticó males de bulto como el sectarismo presente en todo aquel proceso, y las fáciles mentiras según las cuales se contabilizaban miles de comités revolucionarios que no existían.

Era de suponer que luego de aquella derrota apabullante, funcionarían la crítica y autocrítica necesarias y saludables. Pero no: esa misma noche el oportunismo, cubriéndose con ropaje socialista, lanzó la famosa consigna de la reelección presidencial, entregando así una suculenta troncha a la demagogia hambrienta, a la política de desinformación y montajes en que son diestros los expertos en imagen, siempre bien pagados por multinacionales y bancos privados, cuando no directamente por la CIA.

Lo sucedido aquí el 23 de febrero del 14, se reprodujo en grande el pasado 22 de noviembre en Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri, y en proporción mucho más grande en Venezuela el reciente 6 de diciembre. Claro que los casos difieren mucho, pero cumplen una misma hoja de ruta trazada por el imperio, en su plan de restauración conservadora y neoliberal en nuestra América Latina. Esa hoja de ruta contempla en todos los casos anotados (y por supuesto en el Brasil caotizado este momento por iguales designios), la utilización de una enorme maquinaria contrarrevolucionaria, que incluye la acción de la partidocracia resucitada ex profeso, el empleo masivo de las aplanadoras mediáticas, el sabotaje y la guerra económica, con episodios de muertes fríamente preparadas.

En el caso de Venezuela, fue el propio presidente Obama quien trazó la línea en el pasado marzo, cuando declaró  a los cuatro vientos: "Venezuela se haconvertido en una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad nacionalde Estados Unidos y su política internacional". Dicho de otro modo: según Washington, ese peligro venezolano - Revolución Bolivariana, chavismo, presencia del presidente Maduro-, había que echarlo abajo. La obra devastadora ha comenzado con el triunfo de la contrarrevolución. Claro que la Revolución Bolivariana no arriará sus banderas, pero la recuperación del camino perdido será dura, larga y amarga.

Aquí vale una reflexión (aunque sea una voz clamando en el desierto):  nada de ello tendría el efecto demoledor de los mencionados fracasos si no fuera porque los revolucionarios, situados en los engranajes del poder, les facilitan a los restauradores y fascistas la obra destructora gracias a sus políticas en que sobran los beneficiarios y faltan los conductores.  De allí la necesidad y la urgencia de emplear esos instrumentos irremplazables como son la crítica y la autocrítica en los procesos revolucionarios. Si no se lo hace, pronto tendremos nuevos capítulos de esta novela del terror: Crónica de una Muerte Anunciada.

E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe

viernes, 16 de marzo de 2012

OPOSICIÓN Y CONSPIRACIÓN


“Inundaremos Quito”: esta es la consigna que circula profusamente por Internet, revelando así el propósito de ciertos promotores de la marcha iniciada el 8 de marzo en El Pangui, ZamoraChinchipe, y que se propone llegar a la capital el próximo 22. En este caso, “inundar” no es un verbo cariñoso ni tierno, y está brutalmente presente en las inundaciones que sufren varias provincias, especialmente en la Costa, donde viviendas, vidas humanas, sembríos, animales domésticos y vías padecen la crudeza de un invierno implacable. Además, “inundar” la capital de los ecuatorianos trae el recuerdo de las iracundas amenazas de “tomar Quito” que , en sus momentos, hiciera León Febres Cordero, cuando Alcalde de Guayaquil, a la cabeza de las marchas en defensa de Fernando Aspiazu y demás mafiosos de la banca fraudulenta.
Claro que en la marcha actual hay que distinguir la oposición de la conspiración, pues se hallan presentes los dos elementos. Uno es la fanesca de ultraizquierdistas, izquierdosos inflados de vanidad y ansias presidenciables, demócratas electoreros, dirigentes sociales angustiados por recuperar vigencia, y derechosos no tan ultras. Esta franja de manifestantes constituye lo que podría llamarse, con beneficio de inventario, oposición política. A su lado y confundidos con ella, marchan los frustrados golpistas del 30-S, que “inundaron” Quito con sangre y lágrimas en su afán de acabar con el Presidente Rafael Correa. Hoy les mueve el mismo fin pero en un contexto mucho más peligroso, cuando su amo del Norte –léase gobierno de Estados Unidos, la CIA y el Pentágono- arrecian su odio contra la soberanía de los pueblos y proclaman abiertamente su decisión de acabar con los procesos liberadores de América Latina, señalando como blancos de sus disparos a Venezuela, Ecuador, Cuba, Nicaragua y Bolivia. Esto para comenzar. Aguzando sus amenazas, Obama, el Presidente guerrerista, acabar de darle plazo de 180 días a su Secretaria de Estado, Hilary Clinton, para que consiga que los gobiernos de estos países abandonen su amistad con la República Islámica de Irán. ¿Qué viene después, si no lo consigue? Ella, desde luego, encantada; basta recordar cómo hizo la V de la victoria y bailó de placer al momento que supo que los secuaces de la OTAN asesinaron a Gadaffi: el secuestro de Libia estaba consumado.
Cierto que los candorosos –por decirlo suave- niegan la presencia de peligros golpistas en el país. Así, en entrevista publicada en El Comercio el 11 de marzo, Francisco Rhon, cientista social y asesor de Alberto Acosta, afirma que existe “un contexto internacional donde es difícil la alteración de la democracia…No es una coyuntura para dictaduras”; con lo cual  olvida que hace dos años la CIA y los fascistas de Honduras, por mano de militares y policías, derrocaron al Presidente Manuel Zelaya y establecieron el terror. Por su parte, los grandes medios llamados “independientes” cuadruplican el número de manifestantes y, de yapa, propician decapitar al Canciller Ricardo Patiño, a propósito de la valija diplomática cargada con un quintal de cocaína, cuyo origen está por establecerse y que bien podría tratarse de un macabro paquetazo político, similar al que en 1986 fue colocado en el carro de Abdalá Bucaram, allá en Panamá, por maquinación del dúo Febres-Noriega. Todo puede ser en un mundo manipulado por las mafias y la CIA.