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viernes, 9 de diciembre de 2016

FIDEL: REVOLUCION ES UNIDAD


Pasada la hora de los homenajes póstumos, que alcanzaron un ámbito universal nunca dedicado a otro personaje de la historia contemporánea, se vuelve inaplazable la necesidad de rescatar el pensamiento y la acción de Fidel Castro en todo lo que sirva para afianzar los procesos progresistas y revolucionarios a escala internacional, pero particularmente en nuestra maltratada Patria Grande: América Latina y El Caribe.

En este campo se destaca con poderosas luces la constante prédica del inolvidable líder acerca de un tema que es y será siempre de candente trascendencia y actualidad: revolución es unidad. Fidel fue persistente en señalarlo y enseñó a los revolucionarios a combatir toda manifestación de sectarismo, ya que el sectarismo, esencialmente, es contrarrevolucionario y sirve objetivamente a los más encarnizados enemigos de cualquier revolución, dondequiera que esta se dé.

Fidel, como todos sabemos, fue el creador del Movimiento 26 de Julio que organizó la lucha armada en Cuba contra la tiranía de Batista, la condujo al triunfo y a sentar las bases del poder popular y las grandes transformaciones como la Reforma Agraria.

Pese a ello, Fidel nunca colocó a su Movimiento por encima del conjunto de las fuerzas revolucionarias: supo valorar debidamente la grande y heroica contribución del Directorio Revolucionario que ni lo creó ni estuvo bajo su mando, así como abrió las puertas a la participación de dirigentes y militantes comunistas, a pesar de que sus directivas prosoviéticas se opusieron a la lucha armada y consideraron a Fidel y sus seguidores como aventureros irresponsables.

Cuando dirigentes de este partido, como Aníbal Escalante, maniobraron para aprovecharse del poder revolucionario en beneficio  propio y de sus ambiciones sectarias, Fidel no vaciló en denunciarlos y ponerlos en su sitio, impidiendo que el sectarismo rompiera la unidad necesaria para consolidar el triunfo y vencer a sus poderosos enemigos, encabezados por el imperio norteamericano.

Luego él mismo sería el primero en animar la creación de las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas), que irían subiendo en escala hasta llegar a la constitución del actual Partido Comunista de Cuba, cuyo leitmotiv fue la decisión de “Patria o Muerte” y no la dictadura del proletariado. Posteriormente, Fidel, Raúl y los demás dirigentes se empeñaron en denunciar y liquidar las maquinaciones de la que fuera llamada “microfracción”, otra tentativa sectaria de manipular el poder revolucionario.

Un capítulo más de la lucha contra el sectarismo fue el juicio en 1964 contra el traidor “Marquitos” Rodríguez, cuyas delaciones criminales arrastraron a la muerte a varios revolucionarios del Directorio, luego de su valeroso y fallido intento de ajusticiar al tirano. Este traidor, en su hora, estuvo amparado y protegido por altas figuras del Partido Socialista Popular, el antiguo partido comunista, en una demostración del más nefasto sectarismo.

Hoy, cuando los procesos revolucionarios y progresistas del continente sufren feroces acometidas por parte de los sectores recalcitrantes de la derecha nacional e internacional, es imprescindible volver a estas enseñanzas de Fidel, pues el sectarismo ha sido y es uno de los ingredientes más graves en las derrotas y fracasos. 

Mucha razón tuvo entre nosotros Rafael Correa, líder de la Revolución Ciudadana, cuando ante los reveses de las elecciones de febrero de 2014, señaló que una de las principales causas era, cabalmente, el sectarismo que, desde luego, sigue reptando por debajo del actual proceso electoral.


E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe

jueves, 17 de abril de 2014

UNA DISCUSIÓN OCIOSA




Cuando el cuerpo humano sufre una infección, su temperatura sube a distintos grados, ocasionando múltiples dolencias y, eventualmente, la muerte. Algunos creen ingenuamente que refrescando el ambiente y cambiando el ropaje de la cama, la persona afectada mejorará sin falta. Estos han olvidado la sabiduría popular que nos enseña que la calentura no está en las sábanas.

En Alianza País, luego de los graves reveses del 23 de febrero y con miras a su convención nacional del primero de mayo próximo, se desarrolla una movida discusión relacionada  con que si la organización debe mantenerse como un movimiento o convertirse en partido político. En este debate se olvida el pasado inmediato, cuando Alianza País obtuvo resonantes triunfos sin ser partido y -para ser justos- ni siquiera movimiento constituido orgánicamente. Hasta hoy fue solamente una enorme masa de adherentes y simpatizantes, una masa de electores que funcionó bastante bien el día de acudir a las urnas, pero que el resto del tiempo se pasó de vacaciones, o dedicada a consolidar al interno grupos de amigos y parientes con los ojos puestos en la troncha.

Nada que ver con una labor diaria de organización, captación de aliados, preparación de líderes a todo nivel, impulso a las acciones decisivas que demanda el momento. Dos ejemplos notables en relación con esto último: el 30 -S y la campaña contra esa banda del crimen organizado llamada Chevron. En el 30-S la situación fue salvada por el coraje del propio líder de la Revolución Ciudadana y la movilización espontánea del pueblo quiteño. La organización de las bases en la capital y aún más en el país, brilló espectacularmente por la ausencia. En cuanto a la campaña contra Chevron, transcurre solitaria en niveles de dirección nacional sin una real incorporación de bases y provincias, como si se tratara de un asunto anecdótico y secundario y no de una de las tareas fundamentales dentro de la proclamada adhesión a los principios de soberanía nacional.

Es que no existe verdadera organización política, conciencia de la realidad, concepción clara del 'papel colectivo e individual a jugar en el presente, visión histórica de lo que sucede hoy y de lo que se viene en nuestra América y el mundo a manos del imperio más bárbaro que ha conocido la humanidad. De allí que consideramos que la discusión entre mantenerse como movimiento o convertirse en partido, es una discusión ociosa, que parte de suponer que la calentura está en las sábanas y no en el cuerpo afectado por un naciente proceso infeccioso.

Al respecto, nos puede ayudar la historia para ver más claro. Ejemplos: la Revolución Rusa de 1917 conducida por un partido férreamente organizado, acabó por perderse décadas después por la corrupción, el sectarismo y el burocratismo de los grandes mandos. En cambio la Revolución Cubana se impuso a partir de un movimiento - el Movimiento 26 de Julio- y no de ningún partido, como sucediera igual en Venezuela con la Revolución Bolivariana y en Nicaragua con el Frente Sandinista.  Que en estos tres casos el proceso evolucionara y fuera construyendo partidos unificados, es otra historia.

Movimiento o partido, el ropaje es lo de menos. Lo esencial es darle una estructura orgánica de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, a toda esa masa bullente de adherentes y simpatizantes, abriendo las puertas a colectivos e individualidades que no necesariamente encajan en las normas disciplinarias establecidas, pero que en lo esencial acogen los principios del Sumak Kausay y   están dispuestos a batirse por ellos. Y constituye también un imperativo la formación  ideológica de toda la militancia, formación que comprende doctrina y práctica, práctica y doctrina. Doctrina que no se refiere a los textos sagrados del marxismo-leninismo sino a los postulados de la Segunda Independencia y del socialismo del siglo XXI.

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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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