Traductor

Mostrando entradas con la etiqueta Juan José Flores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan José Flores. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2015

LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN

Desde que la humanidad se dividió en clases sociales (¡hace fu!), surgieron los pobres y los  ricos, los explotados y los explotadores, los oprimidos y los opresores, los pendejos y los vivos. 

Los primeros, los pobres, fueron en todas partes en número infinitamente superior a los segundos, que, siendo ridícula minoría, siempre les sacaron el aire y les hicieron llorar a mares, por lo que los océanos se volvieron salados. Esto lo consiguieron a  través de un aparato infernal  que  creado al efecto: el Estado, al que le dieron poder a través de ejércitos, policías, tribunales de justicia, cuerpos legislativos, medios religiosos y culturales. 

En lo que es el  Ecuador actual, rota la Colonia española, la división de clases se volvió  violenta desde Juan José Flores para adelante, Los ricos se apoderaron de tierras, minas, agua y caminos. De todo. Los pobres de la ciudad y del campo  fueron el burro de carga llevando en sus lomos los sacos de oro hasta los bancos, a fuerza de latigazos. Los esfuerzos de Alfaro por cambiar la suerte de los pobres terminaron  en lahoguera bárbara de El Ejido.

La gran riqueza creada por los pobres se concentró en las ciudades, dándose casos de ricos que aún esperan su propio Gabo. En Quito, por ejemplo, un gran terrateniente, el señor Barba, tenía un caserón donde guardaba en sacas su fortuna y era tan tacaño que, por no gastar en perro, se colocaba él por las noches detrás de la puerta y ladraba horriblemente  para ahuyentar a los ladrones. En Guayaquil, un oligarca con ínfulas de pedagogo, subió un día a su pequeño hijo sobre un enorme armario y le ordenó: -Lánzate desde allí a mis brazos. El niño se lanzó, el padre se hizo a un lado y el pequeño se dio  tremendo suelazo. El  potentado  le advirtió entonces:- Esto es para que desconfíes hasta de tu padre al cuidar tu herencia.

En  El Oro el “Pobrecito Encalada”, que vestía como pordiosero pero era propietario de millares de reses y grandes bananeras, acostumbraba llegar de improviso a los míseros galpones de sus peones, y si les encontraba comiendo carne, les despedía de inmediato, pues según él la carne debía ser de reses suyas robadas por los peones.

 En Cuenca, la descomunal Doña Florencia , que nunca conoció el confín de sus haciendas de Cañar, se hacía cargar  en andas de oro por sus hambrientos huasipungueros cada vez que se aburría de la ciudad y visitaba sus feudos, todos los cuales donó a Nuestra Santa Madre Iglesia. No les dejó ni un metro de tierra a sus peones.

En Loja, en pleno siglo XX, un tal Burneo, poderoso hacendado, hizo marcar el culo de siervos suyos con el mismo hierro candente con  que marcaba el culo de sus bestias.

Ahora esa clase de ricos, prolongados en sus descendientes, están llorando, porque los ricos también lloran. Hoy  lloran los alvaritos, los ñaños Isaías,  los nobles aspiazu, los  febres y otras hierbas venenosas. Lloran porque papá Estado quiere quitarles un poco de la tierra que tienen en sus uñas largas.   Lloran porque el gobierno infame les quiere ajustar cuentas a los que se enriquecieron con la plata del petróleo,  la deuda externa, saqueando al fisco, burlando a las aduanas, asaltando a los municipios, a la defensa nacional, a la seguridad social, al poder legislativo. Claro que estos vivos dicen derramar sus lágrimas por la desdichada clase media, por los pobres del montón. ¡Hipócritas, farsantes! Si Cristo fuera ecuatoriano, vendría aquí y les echaría a latigazos del templo de la patria.


E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
_______________________________________________
P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe 

miércoles, 5 de febrero de 2014

CORRUPCIÓN


Meses atrás el Presidente Rafael Correa prendió una alarma: “¡Cuidado con el síndrome de nuevo rico!”. Esto, sin duda, dirigiéndose a la administración pública y a las fuerzas que hoy hacen gobierno. La advertencia del máximo líder de la Revolución Ciudadana estuvo motivada, con toda seguridad, en la peligrosa presencia de varios síntomas del viejo mal de la República: la corrupción. Mal que nació con el país mismo, en 1830, cuando se rompió la Gran Colombia mientras el Libertador agonizaba, tomando el poder de la nueva nación el corrupto y sanguinario general venezolano Juan José Flores, unido por lazos matrimoniales a la Casa Jijón, símbolo ecuatoriano del poder gamonalicio, del latifundio feudal y del oscurantismo clerical.
Que aquella prevención la hiciera la venenosa y decrépita partidocracia, no tendría nada de raro, por aquel conocido subterfugio del ladrón que corre gritando ¡prendan al ladrón! Pero que la formule  el primer mandatario, ya es otra cosa. Significa que hasta el Palacio de Carondelet llega el mal olor de materias descompuestas, síntomas de un mal que hay que diagnosticar con precisión y erradicar con mano de hierro. Y es que frecuentemente se presentan signos de la enfermedad. Un nuevo ejemplo: El Telégrafo del martes 4 de este mes trae un enorme titular que nos informa: CINCO UNIFORMADOS CAPTURADOS POR EXTORSIÓN, en que se reseña que un grupo de marinos pertenecientes a la Armada ha cometido fechorías en Guayaquil, amparados en la fuerza de las armas que las paga el pueblo. Y no es el único caso. Nosotros mismos hemos presenciado actos de extorsión a conductores de vehículos un domingo del pasado diciembre, en la vía a Tonsupa, salida de Esmeraldas, por parte de un grupo de policías. En ese tenor hemos oído quejas de otros conductores y taxistas, o de diversos comerciantes del Puerto contra los afamados “robaburros”, o en Quito contra servidores municipales. Todo esto en lo poco que se ve y dice, pues el temor a las represalias sella las bocas, especialmente cuando las víctimas y los testigos pertenecen a sectores habitualmente postergados y excluidos. Hablando de la Capital, hay barrios muy poblados, como el Comité del Pueblo, abandonados a su suerte, azotados por el olvido y la delincuencia pese a ser bastiones electorales del Buen Vivir.
Volviendo al “síndrome de nuevo rico”, es obvio que este se ubica en los organismos de elección popular y del Estado, en general. Allí donde se firma contratos, se designa empleados, serpentea el nepotismo, danza el amiguismo y el oportunismo que estuvo siempre con la partidocracia pero que hábilmente usa camisas revolucionarias. Estas son las fuentes del nefasto síndrome y se muestran de diversos modos: en el frenesí por el carro del año, el piso en barrios exclusivos, la casa vacacional con piscina incluida, las vacaciones en Disney World para los niños, la ropa de pasarela, etc., etc. ¿Qué hacer frente a estos síntomas alarmantes, que por cierto no son ni dominantes ni generalizados, pero que es necesario denunciar y combatir? Volveremos sobre el tema en próximos artículos. Mientras tanto, que la justicia caiga con fuerza donde deba caer, sin piedad ni compromisos de ninguna clase.

E-mail: jaigal34@yahoo.es         Twitter: @jaigal34
_______________________________________________
P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.
Twitter: @lufecahe