El soberbio banquero se hallaba pintando pajaritos en el cielo de sus
ilusiones políticas, cuando el martes 4 de abril vino el alcalde Nebot, le quitó la escalera y le dejó colgado de la brocha. De nada le sirvió al banquero
el pacto efectuado dos meses antes, en la primera vuelta electoral -19 de
febrero- para que la significativa votación alcanzada por Cynthia Viteri le fuera endosada por disposición del alcalde a favor de Guillermo Lasso, el banquero de marras, para la segunda vuelta.
La votación mayoritaria del pueblo le favoreció a Lenín Moreno, quien fue proclamado triunfador por el Consejo Nacional Electoral, mientras Andrés Páez daba furiosas pataletas llamando a los suyos a una guerra política total
contra el candidato victorioso y su compañero de fórmula Jorge Glas.
La fórmula aplicada es la misma de la derecha venezolana: calentamiento
de las cabezas, primero, y luego calentamiento de las calles, con la
destrucción, los incendios y los cadáveres del caso. Claro, esa es la fórmula,
acompañado de una táctica perversa: ni gobernamos ni dejaremos gobernar. Sólo
que aquí hay un pueblo que ha hecho suyos los postulados de la Revolución
Ciudadana, reconoce los logros y beneficios de ésta y se halla lejos de
desearle el infierno al “correísmo” y su máximo líder. Un pueblo que en esta
última década ha vivido y aprendido a vivir en democracia, aunque esta tenga
numerosos baches y limitaciones.
Desde luego, el camino para el nuevo mandatario no está sembrado de
rosas y presenta grandes y numerosos desafíos, entre los cuales se cuentan los
siguientes: desterrar el sectarismo posesionado en planos de dirección y
militancia de Alianza PAÍS, que esta ocasión, igual que en las últimas
elecciones municipales, alejó a grandes sectores de simpatizantes y permitió la
consolidación y nuevos avances de la derecha.
Esto le obliga a Lenín Moreno a reconocer que su histórico triunfo no se
los debe únicamente a Alianza PAÍS sino también a otras fuerzas y organizaciones
afines, grandes o pequeñas, nacionales o locales, que pusieron todo empeño y no
pocos sacrificios para llegar al final victorioso.
Esto, a la vez, entraña la necesidad de que estas fuerzas fraternas sean
tomadas en cuenta o, al menos, consultadas para la conformación del nuevo
gobierno, pues de otro modo podrían imponerse el consabido reciclaje de figuras
oficiales, el amiguismo y los lazos familiares, que muchas veces resultan ser
sogas para ahorcarse.
Por otro lado, se impone la urgencia de impulsar postulados que han sido
postergados u olvidados, como la Revolución Agraria, que exige extirpar
definitivamente el antiguo o nuevo latifundismo, crear toda clase de incentivos
para el desarrollo y el retorno al campo, incluída la colocación de los
auténticos representantes del sector –indígenas, montubios, cholos, pequeños y
medianos agricultores en los mandos de las transformaciones del campo. Esto
significa, a la vez, superar los estrechos límites de la tecnocracia y la
burocracia.
Por otra parte, se impone que desde el inicio el nuevo gobierno lleve a
la práctica, sin dilación ni contemplaciones, el principio repetidamente
sostenido por Lenín en la campaña: combatir la corrupción de hoy y de ayer, lo
que significa crear un sistema de información, vigilancia y direccionamiento
oficial transparente y confiable adjunto a la presidencia, sin perjuicio de las
atribuciones propias del control, el sistema judicial y la Fiscalía del Estado.
Sólo así se sentarán las bases de una nueva moral ciudadana y se
afirmará la confianza del pueblo, especialmente de los pobres y marginados de
siempre. He allí unos cuantos desafíos que tiene por delante el flamante
abanderado del nuevo capítulo de la Revolución Ciudadana.
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no
importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.
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