No hablamos de la torta del cumpleaños, que siempre es exquisita e invita a la risa y a la canción. Hablamos de la torta del poder, y no de cualquier poder sino del que vivió nuestro lindo Ecuador a la caída de Abdalá Bucaram, a partir del 6 de febrero de 1997. Para ello, el capataz mayor, Leslie Alexander, embajador de la Yoni, en acto público efectuado en la ciudad de Cuenca el 30 de enero, despotricó contra el mencionado mandatario, acusándolo abiertamente de corrupción, pisoteando así su rango diplomático, lo cual no tenía ninguna importancia puesto que el paisito era una semicoloniua de los gringos.
Dada la
orden por el capataz, la peonada política trepó inmediatamente a la camioneta.
Jamil Mahuad, Fabián Alarcón y José Castelló a la cabeza de los complotados,
unidos en fraternal racimo, dieron la vuelta triunfal por las calles de
Quito. El conductor de la camioneta era César Verduga, alias Patacón Pisao, y
hermanísimo de Franklin, el diestro malabarista socialcristiano. Tras
bastidores, movía los hilos el portentoso ingeniero León Priscilo Esteban
Julián de las Mercedes Febres Cordero y Rivadeneyra Thyler (¡uf!), acompañado
de su cachorro Nebot, que ejercía la mayordomía en la provincia del Guayas, en
calidad de gobernador.
A todo
esto, para convocar la plenaria del Congreso a fin de destituir a Bucaram,
Fabián, el Fabiolo, exigió a los compactados que se le designara a él como
presidente de la república en vez del gobernante defenestrado. El inconveniente
se presentó ante el pataleo de la vicepresidenta Rosalía Arteaga, que reclamaba
su derecho constitucional a la sustitución. No hubo problema: le dieron a
chupar el caramelo por un día y luego la dejaron de lado sin el menor empacho. De
este modo comenzó el breve reinado del Fabiolo.
Durante el mismo, se dió el más espectacular reparto de la torta, ejecutado por León, Nebot y los dos hermanos Verduga, ya mencionados. Así lo revelan los sabrosos diálogos, debidamente grabados, que fueron divulgados en la última sabatina. Allí se ve como los socialcristianos se reparten ministerios,
superintendencias, gobernaciones, etc., etc. Y se escucha a León reclamar como
derecho propio el manejo de la Comisión de Tránsito del Guayas. Ustedes, giles,
¿saben para qué? Para ejecutar su propio "plan carro". ¿Y cuál era
este? El reparto de carros robados y contrabandeados. Los robados procedían de
Colombia.
No lo
afirmamos nosotros. Lo dio a conocer en pleno febrescorderato un eminente
socialcristiano: Jaime Vernaza Trujillo, al renunciar al puesto de director de
la célebre Comisión de Tránsito del Guayas, embolsillada por León. De las
denuncias de Vernaza se concluye, por ejemplo, que el yerno y secretario de
Febres Cordero, Miguel Orellana, alias Cle Cle, recibió primero 5 unidades el
30 de abril de 1985, luego "otros dos carros procedentes de Colombia,
luego otros 14 casi todos robados en Colombia, entre los cuales tres BMW
".
Entre los
datos proporcionados figura la entrega de un jeep color café para uso de uno de
los hijos de Nebot, así como varios vehículos para la Presidencia,
Vicepresidencia de la República y la Secretaría General de la Administración
ejercida por Joffre Torbay.
Según El
Telégrafo, en sus revelaciones Vernaza Trujillo dijo que " el primer
Asesor Presidencial, Dr. Franklin Verduga Vélez fue sorprendido por los
vigilantes conduciendo un Mercedes Benz 230 robado en Colombia, pero que no fue
detenido por las funciones que desempeñaba".
Estos
apetecidos pedazos de la torta usted puede encontrarlos en las páginas del
diario El Telégrafo (por ejemplo, de fecha 23 de julio de 1986), cuando este
diario no era, como ahora, un diario público sino un periódico que pertenecía a
un grupo privado de Guayaquil.
¡Si no
serán conchudos los socialcristianos que ahora hablan de honestidad en los
medios y en la Asamblea Nacional! Para esta clase de banquetes pretenden
volver a Carondelet, y podrían lograrlo, si fracasara la Revolución Ciudadana..
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P.D. Le invito a que escriba su
comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra.
Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M.
Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.
