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miércoles, 17 de agosto de 2016

FIDEL CASTRO, EL HOMBRE DE LOS DESAFÍOS


Con su enorme humanidad, cercana a los dos metros, el histórico líder de la Revolución Cubana fue siempre el hombre de los desafíos, que se interpusieron en su paso de gigante y que siempre resultaron vencidos.


Lo que vino después resulta más conocido: el fracasado  ataque al cuartel Moncada (26 de julio de 1953), la prisión en Isla de Pinos, su célebre defensa ('La historia me absolverá´), el exilio en México, donde se le unió Ernesto Che Guevara; la expedición del Gramma, los tres años de guerra de guerrillas, hasta el triunfo del 1 de enero de 1959. Luego vendría la permanente confrontación con el imperialismo, y el record mundial de más de 500 tentativas de asesinato fraguadas por la CIA y la madriguera antirrevolucionaria de Miami, bajo las órdenes de diferentes mandatarios norteamericanos, incluidos el republicano general Eisenhower y el demócrata John F. Kennedy. En el camino, Fidel venció otro sangriento desafío: la invasión de un millar de mercenarios organizados y armados por los yanquis En  fin, podríamos llenar páginas y páginas y no acabaríamos de contar todos los desafíos que ha tenido en su prolongada vida Fidel Castro, quien de paso ha visto encaminarse a la tumba a una decena de furibundos ocupantes de la Casa Blanca, enemigos jurados de Cuba y de América Latina, en tanto que él corona 90 años de existencia cubierto de legítima gloria.

Pero hay otros desafíos de gran trascendencia que han sido olvidados por los mayores y que desconocen las nuevas generaciones, por lo que se hace necesario sacudir la mata del olvido.

Uno de los principales, en el campo político, fue la denuncia contra el ‘sectarismo’ que puso en grave riesgo la estabilidad victoriosa de la Revolución. En efecto, en los primeros años sesenta un antiguo dirigente comunista, Aníbal Escalante, en forma agazapada había movido los hilos de una virtual conspiración para irse apoderando de puestos claves de la dirección. No estaba solo. Coincidían en sus propósitos otros dirigentes y militantes del antiguo Partido Socialista Popular de Cuba (nombre nacional del partido comunista), que pese a su  proclamada  oposición a la guerra revolucionaria, encendida entonces en la Sierra Maestra; ahora, cobijados en la ayuda soviética, fueron ocupando puestos desde los cuales difundían tesis supuestamente marxista-leninistas para orientar el proceso a su acomodo, llegando al extremo de borrar el nombre de Dios en documentos históricos como el testamento político de José Antonio Echeverría, el dirigente del valeroso grupo de estudiantes que asaltó el palacio de gobierno un histórico 13 de Marzo, en  heroico y fallido intento de acabar con el tirano Fulgencio Batista.

La formidable denuncia de Fidel permitió sanear las filas de la Revolución, aunque posteriormente los sectarios volverían a las andadas. Y no es que con ello Fidel cayera en otra clase de sectarismo, tal vez a favor de su propio movimiento 26 de Julio, sino que comprendió a cabalidad  que ese brote maligno de sectarismo dificultaría la unidad de todos los auténticos revolucionarios y del pueblo mismo, amenazando con paralizar la Revolución gracias a luchas intestinas. Venció Fidel en este grave desafío y la nave de la historia siguió pujante su ruta bajo el mando del sabio y resuelto timonel. Una lección de ayer válida para los tiempos actuales, en que los procesos revolucionarios de América Latina tienen, entre otros grandes enemigos, justamente el sectarismo.

E-mail: jaigal34@yahoo.es            Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

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miércoles, 31 de julio de 2013

"LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ"


El reciente 26 de Julio se cumplieron 60 años de un hecho trascendental ocurrido en Santiago de Cuba: el Asalto al Moncada, el segundo cuartel más numeroso del país bajo la tiranía de Fulgencio Batista. Ese día, en 1953, unos 150 jóvenes organizados militarmente por el abogado Fidel Castro Ruz (23 años), "intentaron tomar el cielo por asalto", en las palabras del Presidente Raúl Castro, indignados por los crímenes políticos y la corrupción que campeaban en la patria de Martí, declarado por Fidel como "l autor intelectual del asalto", tal era la influencia del Apóstol de la Independencia en las mentes y los corazones de esa legión de bravos patriotas.
El hecho heroico terminó por el momento en derrota. Los revolucionarios sufrieron más de 70 bajas entre muertos y heridos, luego de lo cual la brutalidad del déspota no conoció límites. Ser joven se convirtió en delito que se pagaba en las cámaras de tortura, donde se les arrancaba uñas y ojos. Luego  se los ejecutaba a mansalva. Fidel escapó de milagro, pues el teniente Sarría, que lo capturó en la montaña, ordenó a la tropa conservar la vida del prisionero.
En esta efemérides, celebrada ante el propio Moncada, el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño, en su discurso a nombre del Presidente Rafael Correa, señaló con acierto que el fallido asalto significaba un antes y un después en la historia de Cuba y de América Latina, pues en verdad partió la historia del continente. El antes era el dominio del imperialismo y sus secuaces, el poder de la gran burguesía y los terratenientes, el imperio de las mafias que habían convertido a Cuba en prostíbulo y garito, de cuyo extremo oriental salían diariamente las tropas yanquis  apoderadas de Guantánamo a cometer sus fechorías impunes.
Antes del Moncada, Fidel Castro había llamado la atención y ganado la simpatía de los jóvenes, al presentarse ante los tribunales de justicia con una demanda penal contra el golpista  del 10 de marzo de 1952, general Fulgencio Batista, demanda que no fue acogida pero que demostró que allí había alguien a quien no le temblaba la mano ni la voz para desnudar las villanías de quienes rompieron la Constitución con los aplausos del poder económico y la complicidad de la embajada norteamericana.
Con el Moncada como punto de partida, vino después la valerosa denuncia de Fidel contra las monstruosidades y la violencia desbocada luego del 26 de julio. Enfrentado a los tribunales amañados que lo juzgaron, pronunció sus célebres alegatos contenidos en el documento que lleva por nombre “La historia me absolverá”, que en estos días circula en Quito publicado por Sureditores.  Allí desfilan las tenebrosas hazañas de la dictadura, sin omitir los nombres de los ladrones y asesinos del poder. Allí se denuncian las injusticias sociales que hacían presa de los cubanos y se anuncian las leyes revolucionarias que se dictarán cuando el pueblo tome el poder, señalando con presión que los malhechores serán juzgados y castigados sin perdón, adelantando el anuncio de medidas como sería la conversión de los cuarteles militares en escuelas, como en efecto se hizo cuando triunfó la Revolución el 1 de enero de 1959. Luego vendrían las múltiples realizaciones y el socialismo, así como la enorme influencia entre los pueblos latinoamericanos y del Caribe.
Aún ahora, cuando han pasado 60 años de aquella heroica acción, conmueven y causan admiración las palabras finales de los alegatos de Fidel, quien sentenció:
“En cuanto a mí, se que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa. La historia me absolverá”.

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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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miércoles, 13 de febrero de 2013

Y DESPUÉS... ¿.QUÉ?


Sí, es cierto: el 17 de febrero, en la elección de presidente, triunfará "el que sabemos". El que lo saben todos, incluidos  los componentes de esa fanesca rancia llamada oposición. Y el triunfador ganará acompañado de una considerable nómina de asambleístas, ni tan numerosos como los desearía, ni tan escasos como lo imploran a Jesús del Gran Poder y al Tío Sam los cruzados de la partidocracia. Y es aquí donde viene la pelotera; no solamente por el número, sino porque, aparte de una valiosa legión de asambleístas claros y firmes, habrá también un contingente de bocas silentes y de calientasillas sin más mérito que el endoso del voto presidencial, fáciles de ser despistados y confundidos.
 En esa arena, los gladiadores de la demagogia harán su agosto, obstaculizando la aprobación de leyes, voceando calumnias espectaculares, proponiendo fiscalizaciones a troche y moche, provocando incidentes.
Todo en el mejor estilo de los famosos congresos nacionales, donde Febres Cordero acaudillaba a los "patriarcas de la componenda", Nebot amenazaba  con mear encima de algún diputado socialista y el Pocho Harb tiraba al suelo y pisoteaba el sombrero de Salvador Quishpe, hoy en andariveles políticos fraternos con el legislador racista.

Esto naturalmente con luces, cámara y acción de los grandes medios, encabezados por la prensa sipera, hija de la SIP fundada en 1942 en La Habana,bajo el ala cariñosa de la primera dictadura de Fulgencio Batista, por decisión de los grandes periódicos yanquis y sus congéneres de otros países.
En tales condiciones, ¿de dónde sacar fuerzas para batir con éxito a la contrarrevolución  desatada, y avanzar por el camino de las leyes transformadoras y las realizaciones trascendentes? Sin duda, para hallarlas con clara definición lo primero que se impone es someterlo todo al fuego purificador de la autocrítica, sin favor para nadie, a fin de ubicar las fallas actuales y las responsabilidades. Y desde luego, combatir el sectarismo que desune y rompe, tanto como los desmedidos apetitos burocráticos de ciertos partidarios y del enjambre de huairapamushcas que siempre se introducen en el carro del triunfo.
Como también se vuelve impostergable  desechar los consejos que piden cesar las confrontaciones y conciliar, y que provienen de las hadas madrinas, protectoras de   reyes y reyezuelos del pasado,  cuando en la historia nacional hay episodios trágicos derivados de las políticas de mano blanda, como aquella del "perdón y olvido" propugnada por Eloy Alfaro, que le llevó a la "hoguera bárbara", o las vacilaciones del Presidente Roldós, que le llevaron a morir incendiado en el aire sobre la montaña de Huairapungo.
En las condiciones del Ecuador, conciliar es detenerse, detenerse significa retroceder, y retroceder equivale a morir.

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viernes, 5 de octubre de 2012

PRÓFUGOS Y NÁUFRAGOS


La Península de La Florida era una hermosa región al norte del Caribe, que los españoles la convirtieron en una fea colonia, como lo son todas las colonias de la historia, y que los yanquis la hicieron más fea todavía cuando se apoderaron de ella al igual que de Puerto Rico y Filipinas  al derrotar a la soberbia monarquía de Madrid durante la Guerra Hispano Americana,  provocada por el  naciente imperio en 1898. Desde entonces,  Miami se convirtió en la joya de la corona yanqui, y sus nuevos amos la transformaron en basurero de la historia continental, pues allá irían a refugiarse, cargados de tesoros malhabidos, dictadores defenestrados, políticos en ruina, banqueros especializados en el saqueo de la riqueza pública y privada. 
La vergonzosa nómina de la desvergüenza es larga y emblemática. Por ejemplo, a Miami fueron a parar, en precipitada fuga, la noche del 31 de diciembre de 1958 el dictador cubano Fulgencio Batista y su gavilla de asesinos, cuando clareaba en sus albores la Revolución Cubana. Luego les siguieron banqueros asustados, dueños de casinos y garitos, traficantes de drogas y de prostitutas, y hasta médicos acostumbrados a despellejar a los enfermos mediante escandalosos honorarios. El pueblo cubano, victorioso, les endilgó a todos ellos el imborrable mote de “gusanos”.
Desde entonces, la gusanera, con abierto apoyo de Washington y, especialmente, de la CIA, se dedicó a ejecutar incursiones  aéreas, invasiones, atentados y sabotajes en su demencial e inútil empeño de acabar con la Revolución.  Luego de esta emigración anticubana vendrían otros de diferentes países latinoamericanos. Allá fue, por ejemplo, Carlos Andrés Pérez, luego de convertir a Venezuela en paraíso del neoliberalismo y plaza de masacrados durante el Caracazo. Y allá corrieron Roberto Isaías con sus agnados y cognados, tras la quiebra fraudulenta de Filanbanco.
Y allá acaba de huir –panza adelante y millonadas atrás- el inefable  Álvaro Noboa Pontón, emperador de cien empresas y de la evasión deimpuestos. Claro, en su caso no se trata únicamente de un prófugo que escapa a una merecida prisión, sino de un náufrago de la política ecuatoriana, que ha hundido toda su flota en el reiterado intento de captar la Presidencia de la República. Y por esa ruta del gran escape veremos pronto marchar a otros gladiadores, especialmente cuando sus locas ambiciones de ganar las elecciones presidenciales de febrero próximo se hayan evidenciado como simples sueños de perro.
Por lo demás, ahora que acaba de cumplirse el segundo aniversario del fallido golpe de Estado del 30 de Septiembre, resulta oportuno recordar que en Miami, en el basurero de la historia, se reunió un conciliábulo conspirativo una semana antes, el día 23, con participación, entre otros héroes,  de Roberto Isaías, Lucio Gutiérrez, Carlos Vera,  a la espera del anuncio que nunca llegó: la caída o la muerte de Rafael Correa. Una peliculesca historia de prófugos y náufragos.

E-mail: jaigal34@yahoo.es         Twitter: @jaigal34