Por más que se remueve los sesos para hallar la fórmula electoral
salvadora, la oposición no sabe qué hacer para evitar desbarrancarse en la
contienda política de febrero próximo, en que la ciudadanía ecuatoriana elegirá
presidente de la República, vicepresidente y asambleístas.
Paul Carrasco, dándose aires de profeta, declara en Ecuavisa “si existe un sentimiento patriótico, la Unidad debe ampliarse, caso contrario el correísmo podría ganar en primera vuelta”. Para lograr el milagro de esta
unificación, Carrasco apela al patriotismo de Cynthia Viteri, Guillermo Lasso,
Dalo Bucaram y Paco Moncayo, olvidándose injustamente de Alvarito, quien bate
su tambor guerrero (¡Adelante, ecuatorianos, adelante!), mientras su compañero
Lucio Gutiérrez sopla la corneta.
El slogan de los cruzados de la derecha y sus chulíos de
centroizquierda, “Todos contra Correa”, fue lanzado hace algún tiempo, pero no
surtió efecto cuando recién se cocinaban las candidaturas de este sector, pues
al parecer en la olla de esta olorosa fanesca faltaba justamente el condimento
invocado por el prefecto del Azuay, que además resultó “pateado” por la
Unidad en sus altísimas aspiraciones presidenciales.
Ahora cada uno va a servirse su potaje en mesa aparte. Porque, de yapa,
cada uno cuenta con una larga cola de aspirantes a la Asamblea, dedicados a ese
juego que los niños llaman “sacamanteca”, librado a “purito rempujón “en una
estrecha banca que no alcanza para todos. Es decir que, si nos atenemos a la
profecía del gurú morlaco, Lenin Moreno ganará en primera vuelta. En este caso,
la oposición tendrá la penosa faena de provocar una “pugna de poderes” desde la
Asamblea, parecida a la que en su hora capitaneó León Febres Cordero contra el
Presidente Jaime Roldós Aguilera.
Ahora bien, conforme avance la contienda y crezca la figura de Lenin
Moreno, el slogan sufrirá un cambio drástico, para convertirse en un franco
alarido de “Todos contra Lenin”, lo que terminará por clarificar
ante la ciudadanía el hecho real de que el problema no era Correa sino los
postulados de cambio de la Revolución Ciudadana, que esta vez contarán con la
conducción de un nuevo líder, que no viene a restar la figura del fundador de
Alianza País, sino a conducir una nueva etapa del mismo proceso, continuando en
su camino de logros sociales exitosos y superando los escollos y vacíos de la
primera etapa.
Claro que para obtener el triunfo en una sola vuelta, las exigencias de
la historia y de la realidad serán numerosas, a partir de la necesidad
imperativa de una autocrítica profunda y un espíritu de rectificaciones a toda
prueba. Ello incluya, ante todo, la necesidad de superar todo sectarismo para
abrazar la convicción de que el avance del proceso no será –nunca lo fue– obra
únicamente de las individualidades ni de movimientos o partidos en particular,
sino de todo el pueblo; es decir de las grandes mayorías, y no únicamente en
calidad de votantes sino de actores en plenitud de sus derechos para proponer,
participar, exigir y decidir, todo lo cual son atributos de una verdadera revolución,
pues lo contrario resulta solo remedos de democracia participativa,
resurrección de la partidocracia y puertas abiertas a la restauración
conservadora-neoliberal.
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importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.
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