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miércoles, 2 de agosto de 2017

AVES CARROÑERAS


Son cobardes. No tienen la grandeza ni el valor del cóndor o las águilas. Esperan que la presa se desangre o agonice; mejor si está muerta del todo, si es ya simple carroña. Son cobardes. Practican el festín de la muerte. Igual que en la naturaleza ocurre en la sociedad, donde es frecuente ver el trajín de las aves carroñeras de la política, siempre a la espera de cadáveres, que en este caso pueden ser líderes o conjuntos humanos pero también instituciones, constituciones y leyes. Todo es apetecible para el hartazgo de los enemigos de la vida.

En la azotada patria de Eloy Alfaro, después de que las aves carroñeras de entonces le despedazaron a él y a sus mejores tenientes, la historia se ha repetido varias veces, como cuando el presidente Jaime Roldós voló en pedazos acausa de un complot macabro montado por la CIA, Israel, derechistas y altos mandos ecuatorianos. En la actualidad la historia tiende a repetirse. Las aves carroñeras de hoy son las mismas que desde el año 2008 quieren acabar con la Constitución más democrática de la vida nacional, con la Revolución Ciudadana en cuyo seno fue engendrada, con el llamado correísmo y su máximo líder. Las maquinaciones en ese sentido no son nuevas. Con anterioridad al 30-S ya proclamaron sus audaces apetitos, al procurar desestabilizar al gobierno de Rafael Correa intentando utilizar la figura del vicepresidente de entonces, Lenín Moreno, flamante presidente hoy día. 

En ese rumbo, el periodista estrella de El Universo, Emilio Palacios, director de opinión del mismo, publicó un artículo subversivo bajo el título “Lenin despierta”, en que propiciaba que de alguna manera el segundo mandatario diera un golpazo al primero y se erigiera en presidente de la República. En similares términos volvió a publicar otro artículo, “El hacha de RC”, en la edición del 30 de septiembre, que circuló en la noche del 29. Allí volvía a las andadas golpistas que, por cauce propio, tuvo en esa fecha su estallido sangriento. 

Cuando el presidente se encontraba en manos de los policías amotinados en aquel complot orquestado por la CIA, un vuelo de aves carroñeras, con periodistas incluidos, rodeó la vicepresidencia sugiriéndole que asumiera el mando nacional, vista la crisis producida. La respuesta del vicepresidente fue contundente: yo no soy ave carroñera. Esta frase histórica fue recogida por los medios privados, pese a su disgusto. Luego hemos tenido en el país las agitadas elecciones presidenciales y parlamentarias del 2 de abril, en que triunfó el binomio de Moreno y Jorge Glas. La campaña sucia y agresiva en su contra la recuerda todo el mundo. En los muros de Riobamba y otras ciudades los fascistas pintaban leyendas infames y macabras,  como aquella que expresaba “¡Muerte al tullido!”.

Una vez derrotada la derecha fascista y sus aliados de distintos colores, incluido el rojo escarlata, hoy las aves carroñeras, creyendo fácil de matar la Constitución y la Revolución Ciudadana, las atacan a mansalva, mientras preparan la horca para el líder ausente, y quizás también el gatillo para dispararlo en tierras europeas y así evitar que vuelva a joder algún día al Ecuador, supuestamente entonces  redimido para la banca, la gran empresa, las multinacionales del petróleo y en general, los poderes del gran capital y del imperio. 

Creen que la puerta del diálogo democrático propuesto por Lenin les abre a ellos las puertas del cielo neoliberal, no importa que para el pueblo sean las puertas del infierno. Pero cuidado, las aves carroñeras son cobardes y huyen frente a los gritos de advertencia, o cuando el dueño del predio les amenaza con un palo.


E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe 

miércoles, 19 de marzo de 2014

LOS TUERTOS DE ALMA


En 1970 este columnista publicó en Quito uno de sus poemarios, "El aire del hombre". Incluía una composición que se titula "El sectario", que fragmentariamente expresa:

"Es tuerto de alma. /Un ojo solamente para mirar el mundo/ que no es redondo,/ que gira y se desplaza.../Se cree el campanero de la vida./ El que no acude al son de su campana/ queda sagradamente excomulgado."

Desgraciadamente, esos tuertos de alma, que no ven más allá de sus narices, sus sectas y sus conveniencias, abundan en el mundo. Abundaron siempre, desde la Inquisición hasta las barras bravas del fútbol. En política, sus extremos se tocan en el nazifascismo y el estalinismo. Dentro de este campo, sectas y sectarios también surgen en el campo de la democracia participativa, haciendo que sea cabalmente poco participativa.

La presencia de estos tuertos de alma ha generado abundante material de crítica, expresada o no dicha, dentro de Alianza País, antes de las elecciones del último 23 de febrero, pero especialmente a raíz de ellas. Y ha sido nada menos que su máximo líder, el presidente Rafael Correa, quien ha marcado con fuego al sectarismo. Y bien que lo hiciera. En los procesos revolucionarios este fenómeno es funesto. Los tuertos de alma deforman, unilateralizan, desvían y estancan  el avance de los pueblos. Esto ocurrió, por ejemplo, a comienzos de la Revolución Cubana, cuando un viejo grupo de dirigentes comunistas, procedentes del Partido Socialista Popular, fue trepando hábilmente a importantes funciones del nuevo régimen, a pesar de que durante la heroica gesta de la Sierra Maestra se habían opuesto a la guerra revolucionaria y denigraban a Fidel Castro, Raúl, Che Guevara y demás comandantes como aventureros pequeño burgueses. Fidel se dió cuenta a tiempo del grave peligro del sectarismo, que lo encabezaba Aníbal Escalante, y abrió un implacable proceso de debate y medidas concretas para extirpar este naciente cáncer que, entre otras acciones, se había dado a la tarea de eliminar el nombre de Dios de trascendentales documentos históricos, pretendiendo que con ello  hacían honores al marxismo-leninismo. Eliminado el sectarismo, la Revolución siguió adelante y la militancia sana de aquel viejo partido se unió a los demás -Movimiento 26 de Julio, Directorio Estudiantil Revolucionario, etc.- para organizar primero las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas) y, años después, el actual Partido Comunista de Cuba.

El caso del Ecuador actual es diferente. Vivimos un proceso que no nació de una guerra revolucionaria sino con todas las debilidades y taras de la democracia representativa, los resabios de la partidocracia y los efectos de un fuerte liderazgo individual que no estuvo acompañado de una previa organización política y que se asentó - se asienta aún- sobre una heterogénea montaña de fervorosos partidarios y electores poco , y a veces nada, adentrados en los postulados de la Revolución Ciudadana y los principios del aclamado socialismo del Siglo XXI. Esto se puso ya en evidencia el 30-S, y pudo tener las consecuencias de un magnicidio, a no ser por la resuelta actitud del presidente Correa y el caudaloso movimiento espontáneo del pueblo.

En estos momentos, las acciones contra el sectarismo son imprescindibles e impostergables. El debate sobre la reelección indefinida debería quedar para luego, una vez que se ajusten las cargas para seguir el camino, como nos enseñan los buenos arrieros. Las tareas son múltiples y nada fáciles. Entre las principales cuenta  el examen de la composición de la militancia, no para eliminar a nadie por causa de antecedentes de otras militancias, o porque no nos gusta su pasado derechista o socialdemócrata, sino para ubicarlos en células, brigadas o colectivos -como quiera que se los llame- a fin de que se dediquen a organizar a los demás, en barrios, comunidades, planteles, etc. con el objeto de emprender en acciones concretas, no propiamente electorales, sino referidas al desarrollo social, la seguridad, los derechos humanos, la solidaridad. Allí surgirán nuevos y nuevos conductores de todo nivel, que serán reconocidos por la masa, sin necesidad de que se hallen trepados a la espalda del líder principal. Para ello, claro está, hay que alejar de los puestos de mando a los tuertos de alma.


E-mail: jaigal34@yahoo.es         Twitter: @jaigal34
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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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Twitter: @lufecahe

lunes, 7 de mayo de 2012

CULTURA DE LA MUERTE


En el Ecuador existe desde siempre –es decir, desde 1830, en que se fundó la República- una cultura de la muerte. No nos referimos a los diversos cultos funerarios que practica la población, y que difieren conforme las costumbres ancestrales de indígenas, mestizos, afrodescendientes,  creyentes, etc. Nos referimos a esa especie de menosprecio a la vida de los demás, al facilismo con que se atenta contra la existencia del prójimo, aun si hechores o malhechores recitan diariamente el No Matarás que figura entre los 10 Mandamientos.
En lo político, el mencionado año fundacional ocurrió el asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, por obra de militares y gobernantes ambiciosos, enemigos de Bolívar y de la Gran Colombia. Desde allí, hasta el 30-S todo sería un río de sangre atravesando la historia patria: masacres de trabajadores y gente pobre el 15 de Noviembre de 1922, de estudiantes y pueblo el 2 y 3 de junio de 1959, de obreros del Ingenio Aztra enoctubre de 1977, de indígenas y montubios en los feudos de los gamonales, la Iglesia y empresas extranjeras, ejecuciones bajo la pena de muerte con García Moreno o Caamaño, ejecuciones ilegales bajo el pretexto de combatir a elementos subversivos, la Hoguera Bárbara de 1912, el magnicidio del Presidente Jaime Roldós, y una interminable lista de víctimas del odio y el desprecio de los poderosos del país y de sus mandones de fuera, entre los que se destacan  órganos imperiales como la C IA, esa central norteamericana del terrorismo y el espionaje que ha hecho la desgracia de numerosos pueblos de la Tierra. Con lo cual tenemos que más de 180 años de violencia han configurado un espíritu de resignación, quemimportismo o temor en el seno del pueblo, o una especie de fatalismo ante la muerte por acción de los otros. A ello contribuye, sin duda, la impunidad que se ha dado siempre en la investigación y castigo de estos crímenes. En todo ello hay una cultura de la muerte.
En este ambiente y con tales antecedentes, el país sufre actualmente una ola interminable de toda clase de violencia social, expresada en abultadas cifras de asaltos, asesinatos, violaciones, con presencia de bandas delictivas en el campo y las urbes, así como de crecientes grupos de sicarios. Mucho de ello, como consecuencia de haberse convertido el país en plaza y nudo vial del narcotráfico, y como secuela también de la influencia de la invasión mediática a todos los hogares, con periódicos que chorrean sangre y programas televisivos donde reinan las armas, las explosiones, los gánsteres y los policías corruptos.. Dentro de este mundo siniestro, los diarios episodios de muerte en las carreteras, por obra de conductores trasnochados o irresponsables, no son sino una expresión de esta cultura de la muerte. ¿Hay soluciones para este grave mal o estamos condenados a perecer bajo su peso descomunal? Sí, hay soluciones, pero a largo plazo, pues consisten en desarrollar una cultura de la vida, y esto entraña el desarrollo de la solidaridad humana, la cooperación entre unos y otros, la estricta regulación de los medios, el abandono de esa hoy común  mentalidad de aspirantes a millonarios. Es decir, hace falta una revolución de los corazones y los espíritus.

miércoles, 7 de marzo de 2012

GOLPE A LA VISTA


Solamente los ciegos absolutos y los miopes de conveniencia no ven o niegan lo que está más claro que la luz del mediodía: en el Ecuador se mueve un nuevo plan de golpe de Estado, un nuevo 30-S, más complejo y mejor articulado que el fallido entonces. El plan es internacional y local. Forma parte de las acciones criminales emprendidas hace tiempo por el llamado “imperio invisible”, ese gobierno mundial en las sombras que agrupa a los magnates más poderosos de Estados Unidos, Europa y Canadá, a las corporaciones de ese origen, las cadenas globales de medios, la gran banca. Los instrumentos de dominio para las tareas más brutales son, por supuesto, la CIA, el Pentágono y la OTAN. Apoderarse del petróleo, el gas natural, el uranio, el oro y otras materias primas son prioridades clave. Esa ha sido, cabalmente, la hoja de ruta en las invasiones, destrucción y colonización de Afganistán, Iraq y Libia; esa la que está presente en la confabulación contra Irán y Siria: esa en los atentados contra Rusia; esa en las diarias amenazas contra los gobiernos del Ecuador, Venezuela y Bolivia, contra el ALBA y el CELAC formados hace poco. El “imperio invisible” no tolera la soberanía de las naciones, la independencia de los gobiernos, la presencia de líderes opuestos a sus designios. Eliminarlos es la condición para que pueda sobrevivir, extenderse y perdurar el gobierno mundial, aún engulléndose a socios menores como Grecia.
En el Ecuador de hoy eso es lo que se halla en juego: arrancarle al país de las políticas liberadoras de América Latina, para lo cual derrocar al Presidente Rafael Correa (o mejor, desaparecerlo), es objetivo número 1. Las marchas anunciadas para días próximos, a iniciarse el 8 de marzo y culminar el 22 con la toma de Quito, tienen esa oculta y macabra finalidad en la agenda de la CIA, cuyos agentes más notorios ni siquiera disimulan su presencia, como es el caso de ese ínclito patriota del 30-S, que de jefazo de la inteligencia militar, destituido por Correa, funge hoy de dirigente social, manipulando a pequeños comerciantes. Claro que no todos los organizadores de las marchas son agentes pagados por el “imperio invisible”. Entre ellos figuran también los que sinceramente creen que no hay ningún plan de desestabilización de por medio, la derecha agonizante pero aún poderosa, los tontos útiles de una izquierda boba, el clan de políticos que se creen presidenciables y están convencidos de que Correa no podrá ser vencido en las elecciones de 2013, amén de un conjunto de militares y policías siempre movidos y aceitados por el Imperio.
Por cierto, también hay razones de fondo utilizadas por los titiriteros del plan golpista. Es el descontento por determinadas acciones y omisiones del gobierno, como la falta de una real aplicación de la anunciada y postergada Revolución Agraria, que debe permitir la redistribución de la tierra y un acceso a la misma por parte del campesinado; y esto cuando el propio Presidente Correa lanzó hace dos años la tesis de que “sin Revolución Agraria no hay Revolución Ciudadana”. Pero una cosa es reclamar al gobierno el cumplimiento de sus propias promesas, y otra muy distinta hacerle el juego al “imperio invisible” y a sus visibles testaferros.