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miércoles, 17 de abril de 2013

GALO PLAZA, príncipe favorito de la OEA


Recorra usted en Quito la avenida Diez de Agosto de sur a norte y se topará con que de pronto cambia de nombre y se llama GALO PLAZA LASSO. Talvez no le llame la atención el hecho y piense que se trata de una burrada más de “este ambiente de Quito municipal y espeso”, que dijera hace cien años el poeta Arturo Borja. Y sin embargo, este cocinado es irritante. ¿ A qué burgomaestre se le ocurrió el desatino de abandonar la fecha emblemática que nos honra a todos los ecuatorianos y que convirtió a nuestra capital en Luz de América, para sustituirla por el nombre del gobernante que más hiciera en el siglo veinte para entregarnos atados de pies y manos a los yanquis? Claro que los grandes medios nos presentan al hijo del matador de Alfaro, Leonidas Plaza Gutiérrez, como  espíritu democrático y símbolo de gobernante empeñado en el progreso económico del país. Lo que es perfectamente explicable porque olivos y aceitunos todos son unos. Mas bastan unos cuantos datos para remover la memoria y encontrar la faz verdadera de quien fuera no solo grande amigo de Nelson Rockefeller, el amo absoluto del más feroz dinosaurio petrolero, la Standard Oil de Nueva Jersey, sino el príncipe favorito de los monarcas del Imperio. Acordémonos de lo siguiente: la Shell, el otro más grande dinosaurio petrolero, éste de origen angloholandés, se hallaba apoderado de medio Oriente ecuatoriano gracias a la concesión (un increíble regalo) que le hiciera en 1937 el dictador Federico Páez. Pues bien, pronto la Shell anunció que , dados los espectaculares descubrimientos de petróleo amazónico, pronto manaría de los pozos una riqueza enorme para hacerle feliz al hambriento pueblo ecuatoriano. 
De pronto cambió el disco y sus personeros lanzaron desvergonzadamente la versión de que, hablando serio, nunca hallaron el oro negro, cuando miles de trabajadores y pobladores amazónicos sabían de las perforaciones exitosas y vieron cómo la compañía sellaba pozos altamente productivos. Fue entonces cuando Galo Plaza, instalado en Carondelet como primer mandatario, hizo su famosa declaración: “EL ORIENTE ES UN MITO. ALLÍ NO HAY PETRÓLEO. TAMPOCO ESAS TIERRAS SON BUENAS PARA LA AGRICULTURA. DEBEMOS ACERCARNOS A LA COSTA”. Así se fue la Shell, debiendo millonadas al Estado, a los trabajadores y a las poblaciones orientales. El pueblo hubo de mascar su decepción y su rabia. Lo grande es que poco después Plaza concedía esos territorios nuevamente a la Shell pero esta vez abrazada a su  antiguo rival, la Standard. El resto es historia, y está registrada en el libro El Festín del Petróleo. ¿Acercarnos a la Costa? Claro que lo hizo Plaza, en cumplimiento del otro mandato del Imperio: convertir al Ecuador en país bananero en vista de que las inundaciones y los vientos huracanados habían arruinado las plantaciones de las United Fruit en Centroamérica.
No pararon allí los servicios de Plaza a los yanquis. Poco después, en 1950, firmaba el Pacto Militar con Estados Unidos por el cual el Ecuador se comprometía a brindar apoyo en materia de territorio, hombres y armas para las guerras del Imperio, y como se hallaba encendida la guerra de Corea Plaza donó millares de quintales de arroz para las tropas yanquis. Sobre esta historia volveremos otro día. Por ahora rematemos estas líneas consignando el siguiente hecho: en 1968, gobernando el Ecuador Otto Arosemena Gómez, emblema de corrupción y entreguismo, movió cielo y tierra para conseguir que Galo Plaza Lasso fuera elegido Secretario General de la OEA, conforme un nuevo mandato del Imperio. Y lo consiguió para desgracia del Ecuador y América Latina.

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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte. 

miércoles, 10 de abril de 2013

La OEA, nuestra enemiga


El panamericanismo fue una doctrina y un mecanismo creado por iniciativa de Washington como medio para sujetar las riendas de los Estados del continente a los intereses del imperialismo norteamericano.  Se ejercitaba principalmente a través de conferencias interamericanas, que se reunían cada vez que los gobiernos yanquis requerían aparentar una voluntad libre y democrática de dichos Estados. Cada una de ellas significaba un nuevo paso en la eterna agresión de Estados Unidos a nuestros pueblos, verbigracia, la Conferencia Panamericana reunida en enero de 1942 en Río de JaneiroPara entonces, la República del Ecuador llevaba seis meses de sufrir el sangriento asalto del militarismo peruano, La provincia de El Oro gemía bajo la bota del ocupante extranjero. Poblaciones suyas como Machala, Santa Rosa, Arenillas, Huaquillas, Pasaje y muchas más fueron bombardeadas y saqueadas, mientras los habitantes, cargando con niños, ancianos y enfermos huían por las montañas y la selva tropical a buscar refugio en otros lares. Durante seis meses en que chorreaba la sangre de este país latinoamericano invadido, ni Washington ni el panamericanismo movieron un dedo para detener la agresión peruana.
Pero en diciembre del 41 el Japón atacó la posesión yanqui de Pearl Harbor en el Pacífico. Enseguida fue convocada la Conferencia de Río para tratar y acordar un solo punto: solidaridad continental con los Estados Unidos. Solo entonces, al último, ante el pedido lloriqueante, que no digno, de la delegación ecuatoriana, como molesto asunto de menor cuantía, se trató el tema creado por la agresión peruana. Y ocurrió lo que era previsible: se ordenó que el Ecuador aceptara las exigencias peruanas que consistían básicamente en llevarse la mitad de nuestra Amazonía y despojarnos de la salida al gran río, la cual siempre la habíamos tenido. El canciller ecuatoriano, Julio Tobar Donoso, oligarca y conservador, en vez de cortarse la mano para no suscribirlo, firmó el infame Protocolo de Río de Janeiro, conforme instrucciones del Presidente Carlos Alberto Arroyo del Río, oligarca y liberal, que más que presidente se había constituido en dictador gracias a  las “facultades omnímodas” concedidas por un Congreso Nacional integrado por una mayoría de esbirros.
El clamor del pueblo fue estruendoso. Los estudiantes, que pedían armas para defender la patria, fueron encarcelados y torturados. Mientras las multitudes bramaban contra el Protocolo- burlescamente llamado “de paz, amistad y límites”-, el Presidente de Estados Unidos, Franklin D.Roosevelt, recibía en triunfo al dictador Arroyo, quien fue agasajado espectacularmente por Nelson Rockefeller, el amo de la Standard Oil de Nueva Jersey, el monopolio petrolero más grande del mundo, que se hallaba detrás de la agresión peruana en el afán de consolidar su imperio con la concesión del oriente ecuatoriano, donde se había asentado su gran rival, la Shell angloholandesa .( La todopoderosa Standard, bajo el disfraz de International Petroleum Company, IPC, era dueña del petróleo peruano desde comienzos del siglo veinte). En medio de los múltiples honores prodigados al dictador Arroyo, bendecido ostentosamente por el Cardenal Spellman, se le declaró APOSTOL DEL PANAMERICANISMO.
 Esta es apenas una muestra de la acción del panamericanismo, padre de la OEA, contra la República del Ecuador. Ya nos ocuparemos de otros capítulos de esta nefasta historia. porque hay varios más en que brilla la luz mortecina de la OEA, a pesar de los cantos de amor que le dedican los ecuagringos, esa especie de sujetos que de ecuatorianos sólo tienen la cédula de identidad, pues su corazón y su mente están siempre agarrados al dólar y al “sueño americano”.

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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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miércoles, 3 de abril de 2013

CON OEA O SIN OEA


El Ministerio de Colonias Americanas, mal llamado Organización de Estados Americanos, OEA,  tiene un historial turbio, que se remonta a la época en que presumía  de Unión Panamericana. Bajo este signo  efectuó en el siglo XX  una larga escalada de ataques a los pueblos de América Latina, hasta llegar a la cumbre del deshonor en los casos mayúsculos de Guatemala, Cuba y la República Dominicana. En Guatemala, a partir de 1950 se desarrollaba una verdadera Revolución, que tuvo su epicentro en la reforma agraria y la consiguiente  afectación a los latifundios de la United Fruit (Mamita Yunai, hoyBrands o Chiquita) entre cuyos principales dueños figuraban  los “gemelos del terror”: John Foster Dulles, Secretario de Estado, y su hermano Allan Dulles, Director de la CIA, la macabra central del espionaje y el terrorismo de Estados Unidos. Como el gobierno revolucionario del coronel Jacobo Arbenz no se rindió a las presiones del Imperio y siguió adelante con su acción transformadora, éste armó un ejército de mercenarios en las haciendas hondureñas de la misma Yunai, bajo la jefatura de un bribón llamado Carlos Castillo Armas, coronel retirado del ejército, e invadió su propia patria. Lo demás lo puso la propia CIA con sus aviones que bombardearon la capital, y los pelotones de fusilamiento que ensangrentaron el país. Cayó la Revolución  y desde entonces a lo largo de más de medio siglo Guatemala sufrió un torrencial desangre para gloria y ventura de las multinacionales yanquis y el gorilismo vendepatria. Antes de ello, una conferencia interamericana condenó a Guatemala y Dulles calificó al gobierno democrático como “oveja negra “entre las naciones americanas. La respuesta del digno canciller, Guillermo Toriello, fue contundente: “preferimos ser la oveja negra y no el rebaño”.
Cinco años después. el 1 de enero de 1959, triunfaba la Revolución Cubana y desde ese día hubo de soportar el pueblo cubano la agresión imperialista, alcahueteada por la OEA, que en 1962 terminó expulsando de su seno al país de José Martí , para luego exigir a las naciones del continente romper relaciones con Cuba, al igual que lo hizo el amo del rebaño. Los cubanos, tan dados a la alegría salieron entonces a bailar en las calles, repitiendo con voz de multitudes el estribillo:
¡CON OEA O SIN OEA
GANAREMOS LA PELEA!
Y  la ganaron, para ejemplo del mundo: supieron defender y conservar la Revolución en su pequeño país, que es menos de la mitad del territorio ecuatoriano. Y esto pese al criminal bloqueo que  les priva de medicinas, alimentos, mercados y maquinaria.
Tres años después, en abril de 1965, la OEA solapó el asalto de 40 mil marines norteamericanos contra la República Dominicana, a fin de establecer un gobierno de testaferros e impedir que Juan Bosh, el presidente antes derrocado, retornara al poder, a la cabeza de las multitudes patrióticas que seguían su conducción luminosa.
Este es un  recuento mínimo de las acciones nefastas de la OEA, esa alcantarilla por donde circulan las aguas servidas de la política colonialista de Estados Unidos. ¡Y todavía hay conchudos que en Ecuador proclaman la santidad de la OEA! Esperen. Ya les recordaremos en esta misma columna otras hazañas del Ministerio de Colonias efectuadas contra el Ecuador y otros países de América Latina. Y es que ahora no son únicamente los cubanos los que claman sino todo el continente: ¡CON  OEA O SIN OEA, GANAREMOS LA PELEA!

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miércoles, 27 de marzo de 2013

SIN CHÁVEZ

La hermana República Bolivariana de Venezuela está lanzada a una jornada decisiva en la historia de su joven Revolución: salvarla el 14 de abril mediante el triunfo electoral de Nicolás Maduro, candidato presidencial seleccionado por el  Comandante Hugo Chávez, como lo diera a conocer al mundo el 8 de diciembre pasado en su último viaje a Cuba, en previsión sin duda de su cercano final.
Llorado intensamente por las multitudes desgarradas de dolor por su desaparición, el líder ratificó hasta el último su fe revolucionaria y la seguridad de que su patria continuaría con firmeza en el camino emprendido años atrás, y confirmado masivamente en las urnas y en el rescate del rol del conductor y de su propia humanidad durante el sangriento pero fallido golpe de Estado del 2002.
Desde luego, estas elecciones, sin Chávez, se tornan más difíciles, pues su muerte alentó y alimentó a las aves carroñeras del Imperio y de la oligarquía venezolana, seriamente golpeada pero viva y poderosa. Allí están unidas la antipatria y la contrarrevolución en torno a la figura deleznable de Henrique Capriles, cuya previsible derrota  electoral no significará resignación de los vencidos ni paz para Venezuela. Él mismo ha dejado ver lo que vendrá cuando califica brutalmente a Maduro como “pura paja”. Claro, esta oposición amenazante produce, como efecto saludable, una mayor unificación de los revolucionarios y sus mandos, que saben perfectamente que el vacío dejado por el Comandante sólo puede ser llenado con una fuerte dirección colectiva, que no dé lugar a resquebrajamientos de ninguna clase.
Nicolás Maduro está apercibido de la situación y, además, del crecimiento desbordante de problemas como la inseguridad y la delincuencia, que son fenómenos universales, alimentados por la globalización de las mafias y el neoliberalismo, a parejas del tsunami cultural originado en el Imperio y en los antros de las burguesías locales. Ese tsunami cultural que se expresa en el consumismo galopante (ropa de marca, auto del año, sexismo, lujo, comida chatarra), en el individualismo destructivo y el espíritu de la competencia malsana, aupados por una publicidad avasalladora y por la fiebre mediática incontrolada. Justamente, Maduro acaba de pronunciarse resueltamente a favor de combatir este problema por todos los medios, en una batalla que sólo será posible ganarla levantando fuertes muros revolucionarios para contener el tsunami cultural. Y esto incorporando en masa a la juventud y a la niñez a través de la educación, el arte y el deporte. Sin Chávez, el chavismo debe multiplicarse en la creatividad, la decisión y las acciones.    

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miércoles, 20 de marzo de 2013

VARGAS TORRES Y EL VATICANO

VARGAS TORRES Y EL VATICANO

Mientras el Vaticano, luego de la consabida emisión de humo blanco, consagraba al nuevo papa, Francisco I, de nuestra católica ciudad de Cuenca debía salir humo rojo –rojo de sangre- en recordación de que allí, hace exactamente 126 años, se cometió uno de los más monstruosos crímenes en la historia ecuatoriana: el fusilamiento del Coronel Luis Vargas Torres, altísima figura entre la pléyade de héroes y pensadores que entregó a la patria la Revolución Alfarista. 
Derrotado en Loja al cabo de una episódica victoria guerrillera, conducido a la cola de un caballo hasta Cuenca, sometido a un juicio inicuo y acusaciones donde la baba del odio político y religioso chorreó sobre las leyes y la propia Biblia, el 20 de marzo de 1887 fue fusilado en la Plaza Mayor (hoy Parque Calderón),el egregio patriota esmeraldeño, que contaba 32 años de vida breve, ejemplar y gloriosa; el revolucionario que entregó todos sus bienes y el fruto de sus negocios a la caja de la Revolución, a fin de que Alfaro comprara armas y pertrechos para la guerra necesaria contra el despotismo y el oscurantismo , contra los terroristas y corruptos que tiranizaban  el país. 
A la época de su asesinato, regía el gobierno de José María Plácido Caamaño, símbolo de la oligarquía asentada en Guayaquil y Quito con la bendición del alto clero, es decir, del Vaticano. El mismo Caamaño que dos años antes había fusilado en similares condiciones al jefe del Partido Liberal Radical, Nicolás Infante, jefe de la legendaria montonera denominada Los Chapulos. Y que siete años después, en 1894, se cubriría de triste fama, como Gobernador de Guayaquil, propiciando el vil negocio que la historia conoce como la Venta de la Bandera.
El clericalismo fanático, jamás iba a perdonar al joven que, durante cinco años, perteneció a la Compañía de Jesús en calidad de novicio, para abandonarla y entregarse por entero a la revolución a la que contribuyó con sus ideas,  sus bienes y su vida. Ahora mismo es un ejemplo de ética, moral y valor revolucionarios. En cuanto a su luminoso pensamiento, basta citar una frase de su obra “La Revolución del 15 de noviembre de 1884”, publicada en Lima, Perú, en ese año:” Es imposible que una Nación pueda prosperar a la sombra del terror y del fanatismo católico: la experiencia nos lo enseña y viendo estamos que, en el mundo civilizado, son las más atrasadas las naciones donde imperan esos dos resortes del retroceso. 
La terrible amalgama de lo humano y lo divino, de lo político y religioso, es la cadena forjada por Plutón en las fraguas del Vaticano”. Consecuente con esos pensamientos, seguro de que el infierno, representado por Plutón, ordenaba entonces la vida, la servidumbre y la tragedia de nuestro pueblo, Vargas Torres se negó ante el Obispo León a confesarse. Enfrentó de pie, rechazando la venda ofrecida, al pelotón de asesinos armados por la oligarquía y los jerarcas de la Iglesia.

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miércoles, 13 de marzo de 2013

YANQUIS: ¿QUÉ DERECHOS HUMANOS?

Miserias mil, efectivamente, han padecido nuestros pueblos bajo la bota yanqui que a lo largo del tiempo nos despojó de territorios (México es el ejemplo más contundente), nos invadió con sus tropas racistas y brutales (Nicaragua, Guatemala, Grenada, República Dominicana, etc.), promovió dictaduras por todas partes: Ecuador, Brasil, Argentina, Venezuela,  Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, toda Centroamérica, con el mandato imperial de establecer el poder neoliberal para que nos saqueara mejor los recursos naturales, financieros y culturales, convirtiéndonos en colonias apenas disfrazadas de repúblicas independientes. Y todo ello en nombre de la libertad, como señaló la magna profecía.
Pero Bolívar se quedó corto, dado que el tiempo no le permitió ver lo que vendría en el siglo veinte, a partir de 1898, con la declaración yanqui de guerra a España, el debilitado imperio español que, derrotado en el conflicto, entregó al todopoderoso vencedor LaFlorida, Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Hawái y otras colonias hispánicas, hasta hoy sometidas de cualquier modo al yugo norteamericano. Y más allá todavía: basta ver la tragedia del pueblo palestino, errante por el mundo, con su patria invadida por el Estado de Israel creado en 1948 como un Estado canalla a órdenes del Pentágono para servir de trampolín al expansionismo bélico de Estados Unidos, en contra de los pueblos árabes  e Irán. Y más allá todavía, al llevar la destrucción masiva a Irak, Libia y Afganistán, inundados de sangre de niños, mujeres y ancianos, aparte del sacrificio de incontables millares de soldados y patriotas.
Todo este horror desenfrenado, siempre en nombre de la libertad, de la democracia, de la prosperidad económica de las naciones. Y lo que es más inaudito y desvergonzado: en nombre de los derechos humanos. Esos derechos que el Imperio no respetó nunca en ninguna parte, que los viola diariamente en el orbe entero, incluso  en el seno del propio pueblo norteamericano, víctima de los grandes narcotraficantes que enriquecen a WallStreet, de monstruos paranoicos que asesinan a escolares y gente de la calle bajo la protección directa o indirecta de la Asociación Nacional del Rifle, manipulada por los grandes fabricantes de armas. Y claro, siempre contando con la complicidad del mundo capitalista y los organismos multinacionales como la ONU, la OTAN, la Unión Europea, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otras pantallas que sirven, en forma desembozada o camuflada, al Imperio más sórdido y brutal que registra la historia de la Humanidad.

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miércoles, 6 de marzo de 2013

HASTA SIEMPRE, COMANDANTE


Los grandes muertos son porfiados: se niegan a desaparecer; no desaparecen nunca. Tal ha ocurrido en Nuestra América con  Bolívar, Sucre, Eloy Alfaro, Martí, Che Guevara, tantos otros. Se hacen presentes cuando los pueblos están abatidos, tentando caminos, encendidos de fe y esperanza. Cuando cunden las amenazas de los poderes imperiales que arrasan libertades y justicia, independencia y soberanía. Cuando suenan tambores que anuncian resistencia. Eso ocurre hoy día con la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Su figura se levanta más alta que nunca, por encima de un mar de banderas y de lágrimas, de puños decididos y de ese clamor que retumba en todos los continentes: ¡CHAVEZ NO SE VA!  Y es que en verdad, Chávez no se va, no puede irse cuando los pueblos del continente lo necesitan como nunca para consolidar el largo sueño de la Segunda Independencia y la construcción del socialismo del Siglo XXI, que tiene en él su seguro y probado abanderado. No puede irse cuando la humanidad toda ha visto erguirse su robusta figura para enfrentar a los dinosaurios imperiales que devoran pueblos enteros como Palestina, Libia, Iraq, Afganistán para tragarse sus recursos naturales como única fórmula para tonificar al capitalismo que se niega a morir para que viva la humanidad. Este capitalismo en quiebra económica y moral, lo mismo en Europa que en Estados Unidos, en los palacetes bancarios de América Latina o en el Vaticano. Chávez no puede irse porque es símbolo de unidad de los pueblos y de amistad y entendimiento entre los seres humanos.
Claro que los dinosaurios se muestran gentiles y amables ante su muerte. Pero esto es respeto de protocolo, hipocresía refinada, engañifa de sepulcros blanqueados. Ya los veremos actuar sin pérdida de tiempo en procura de dividir al pueblo bolivariano de Venezuela, en medio de cantos de sirena para convocar a una supuesta democracia, tinta en sangre de mártires y torturados, en sudor de pobres haraposos y hambrientos, herencia que fueron de aquella república manejada por oligarcas al servicio de multinacionales petroleras y del látigo de los amos de Washington. Pero no podrán lograrlo ahora, pues como exclaman las multitudes hoy: TODOS SOMOS CHAVEZ. Porque su liderazgo, sus realizaciones materiales y sociales, sus  iniciativas para unificar a los pueblos del continente y del mundo se volvieron carne en la carne de la gente común y de sus conductores, sangre en la sangre ardiente de los luchadores. De allí que Nuestra América, cesa sus labores un momento, saca el pañuelo de los adioses para agitarlo en el aire de la libertad, y exclama con voz de siglos: Hasta mañana, líder inolvidable. Hasta el mañana. Hasta siempre, Comandante.

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