Miserias mil, efectivamente, han padecido nuestros pueblos bajo la bota yanqui
que a lo largo del tiempo nos despojó de territorios (México es el ejemplo más
contundente), nos invadió con sus tropas racistas y brutales (Nicaragua,
Guatemala, Grenada, República Dominicana, etc.), promovió dictaduras por todas
partes: Ecuador, Brasil, Argentina, Venezuela,
Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, toda Centroamérica, con el mandato
imperial de establecer el poder neoliberal para que nos saqueara mejor los
recursos naturales, financieros y culturales, convirtiéndonos en colonias
apenas disfrazadas de repúblicas independientes. Y todo ello en nombre de la
libertad, como señaló la magna profecía.
Pero Bolívar se quedó corto, dado que
el tiempo no le permitió ver lo que vendría en el siglo veinte, a partir de
1898, con la declaración yanqui de guerra a España, el debilitado imperio
español que, derrotado en el conflicto, entregó al todopoderoso vencedor LaFlorida, Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Hawái y otras colonias hispánicas, hasta
hoy sometidas de cualquier modo al yugo norteamericano. Y más allá todavía:
basta ver la tragedia del pueblo palestino, errante por el mundo, con su patria
invadida por el Estado de Israel creado en 1948 como un Estado canalla a
órdenes del Pentágono para servir de trampolín al expansionismo bélico de
Estados Unidos, en contra de los pueblos árabes
e Irán. Y más allá todavía, al llevar la destrucción masiva a Irak, Libia
y Afganistán, inundados de sangre de niños, mujeres y ancianos, aparte del
sacrificio de incontables millares de soldados y patriotas.
Todo este horror
desenfrenado, siempre en nombre de la libertad, de la democracia, de la
prosperidad económica de las naciones. Y lo que es más inaudito y
desvergonzado: en nombre de los derechos humanos. Esos derechos que el Imperio
no respetó nunca en ninguna parte, que los viola diariamente en el orbe entero,
incluso en el seno del propio pueblo
norteamericano, víctima de los grandes narcotraficantes que enriquecen a WallStreet, de monstruos paranoicos que asesinan a escolares y gente de la calle
bajo la protección directa o indirecta de la Asociación Nacional del Rifle,
manipulada por los grandes fabricantes de armas. Y claro, siempre contando con
la complicidad del mundo capitalista y los organismos multinacionales como la
ONU, la OTAN, la Unión Europea, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otras pantallas que sirven, en forma desembozada o camuflada, al Imperio más
sórdido y brutal que registra la historia de la Humanidad.
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P.D. Le
invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está
a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.
