
Los
grandes muertos son porfiados: se niegan a desaparecer; no desaparecen nunca.
Tal ha ocurrido en Nuestra América con
Bolívar, Sucre, Eloy Alfaro, Martí, Che Guevara, tantos otros. Se hacen
presentes cuando los pueblos están abatidos, tentando caminos, encendidos de fe
y esperanza. Cuando cunden las amenazas de los poderes imperiales que arrasan
libertades y justicia, independencia y soberanía. Cuando suenan tambores que
anuncian resistencia. Eso ocurre hoy día con la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Su figura se
levanta más alta que nunca, por encima de un mar de banderas y de lágrimas, de
puños decididos y de ese clamor que retumba en todos los continentes: ¡CHAVEZ
NO SE VA! Y es que en verdad,
Chávez no se va, no puede irse cuando los pueblos del continente lo necesitan
como nunca para consolidar el largo sueño de la Segunda Independencia y la
construcción del socialismo del Siglo XXI, que tiene en él su seguro y probado
abanderado. No puede irse cuando la humanidad toda ha visto erguirse su robusta
figura para enfrentar a los dinosaurios imperiales que devoran pueblos enteros
como Palestina, Libia, Iraq, Afganistán para tragarse sus recursos naturales
como única fórmula para tonificar al capitalismo que se niega a morir para que
viva la humanidad. Este capitalismo en quiebra económica y moral, lo mismo en
Europa que en Estados Unidos, en los palacetes bancarios de América Latina o en
el Vaticano. Chávez no puede irse porque es símbolo de unidad de los pueblos y
de amistad y entendimiento entre los seres humanos.
Claro
que los dinosaurios se muestran gentiles y amables ante su muerte. Pero esto es
respeto de protocolo, hipocresía refinada, engañifa de sepulcros blanqueados.
Ya los veremos actuar sin pérdida de tiempo en procura de dividir al pueblo bolivariano
de Venezuela, en medio de cantos de sirena para convocar a una supuesta
democracia, tinta en sangre de mártires y torturados, en sudor de pobres
haraposos y hambrientos, herencia que fueron de aquella república manejada por
oligarcas al servicio de multinacionales petroleras y del látigo de los amos de
Washington. Pero no podrán lograrlo ahora, pues como exclaman las multitudes
hoy: TODOS SOMOS CHAVEZ. Porque su liderazgo, sus realizaciones materiales y
sociales, sus iniciativas para unificar
a los pueblos del continente y del mundo se volvieron carne en la carne de la
gente común y de sus conductores, sangre en la sangre ardiente de los
luchadores. De allí que Nuestra América, cesa sus labores un momento, saca el
pañuelo de los adioses para agitarlo en el aire de la libertad, y exclama con
voz de siglos: Hasta mañana, líder inolvidable. Hasta el mañana. Hasta siempre,
Comandante.
_________________________________________________
P.D. Le invito a que
escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en
contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis
Fernando Carvajal Herrera.
Atte.