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jueves, 16 de mayo de 2013

LA MUERTE DE ROLDÓS


Después de la matanza de Eloy Alfaro y sus tenientes –enero de 1912-, entre tantos crímenes políticos  que se han cometido en el país y han quedado en la impunidad, ninguno tan grande como el magnicidio del Presidente Jaime Roldós Aguilera, que pereció el 24 de Mayo de 1981 junto con su esposa Martha Bucaram Ortiz, el Ministro de Defensa, su esposa, los pilotos y toda la tripulación. Total, nueve ecuatorianos condenados a muerte por los designios imperialistas, la CIA mediante, con el beneplácito internacional de la derecha, particularmente de la democracia cristiana, una de cuyas figuras emblemáticas, el Vicepresidente Osvaldo Hurtado Larrea, pasó a sentarse encima del cadáver del ilustre mandatario.
El macabro caso viene actualizándose estos días con motivo del estreno de la película “La Muerte de Roldós”, presentada en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura y replicada en otras salas del país. Ocasión que ha servido para que salga a flote, una vez más, el inmenso cariño que el pueblo guardó al Presidente que fuera destrozado cuando su avión estalló en el aire, aunque la  versión oficial fue la de un imposible estrellamiento en las montañas de Celica. Versión avalada inmediatamente por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, cuando recién se iniciaba la supuesta investigación.
Claro que la película no se hace cargo  de la peligrosa tesis del magnicidio, aunque sí la menciona, como también expone la oficial de entonces, pero sí presenta el contexto internacional en que se dio el suceso, con un Presidente ecuatoriano digno y valeroso, enfrentado a las dictaduras que por aquel tiempo fueron fabricadas en todo el continente, y de las que dan cuenta los sendos juicios penales contra Pinochet, los genocidas argentinos y el asesino múltiple Ríos Montt, de Guatemala, sentenciado en estos días a 80 años de cárcel.
La teoría del magnicidio la sustentaron en su momento el renombrado periodista norteamericano Seymour Hersh y John Perkins, autor del célebre libro “Confesiones de un gángster económico”, el primero de los cuales acusó directamente al dictador  panameño Manuel Antonio Noriega, quien fuera por largos años agente de la CIA, mientras el segundo implicó directamente a esta central del espionaje y el terrorismo de los Estados Unidos. En lo local, es bueno recordar que tanto el presidente León Febres Cordero como su Ministro de Defensa, general Luis Piñeiros, le endilgaron a Hurtado esta enorme acusación a través de la prensa, señalando que trepó a la Presidencia de la República “gracias al magnicidio en que pereció el Presidente Roldós”. Ahora, al cumplirse 32 años del horrendo crimen, ¿alguien se atreverá a actualizar la investigación del magnicidio?       ¿Talvez la Asamblea Nacional? ¿ O quedará en la impunidad como ha ocurrido siempre con los crímenes políticos en el desdichado Ecuador?

E-mail: jaigal34@yahoo.es         Twitter: @jaigal34
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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

SANGRE EN CARONDELET

Mientras Julián Assange cumplirá en junio próximo un año de encierro involuntario, aunque salvador, en la embajada ecuatoriana de Londres, las verdades que él desencadenó en potentes chorros a escala universal, siguen golpeando con fuerza al gran Imperio del dólar, mediante millones de WikiLeaks que documentan el siniestro papel de su diplomacia, al confabularse con toda clase de bribones para propiciar golpes de Estado y manipulaciones mil  en las que la mano enguantada de la CIA asoma inconfundible.
Es el caso del Ecuador, donde vemos la poca simpatía de los yanquis hacia la dictadura militar del general Guillermo Rodríguez Lara, particularmente por su política petrolera nacionalista, que le llevó a ingresar en la OPEP, crear CEPE, anular concesiones   gangsteriles como las otorgadas por el presidente Otto Arosemena Gómez al fantasmal consorcio norteamericano ADA en elGolfo de Guayaquil. 
Por esos Wikileaks, publicados únicamente por El Telégrafo, sabemos también que el golpe palaciego que desplazó a esta dictadura- que duró desde febrero de 1972 hasta comienzos del 76- gozó de las simpatías imperialistas porque el jefe del nuevo gobierno instalado en Carondelet, “el Almirante Poveda, es el más pro norteamericano”, como lo califica el embajador Brewster. Lo que no revelan los documentos publicados –es de esperar que asomen otros nuevos- es la macabra tragicomedia encabezada por el general Raúl González Alvear el 1 de septiembre de 1975, comandado no desde un cuartel militar, sino ¡desde una funeraria! Desde la Funeraria Quito, situada en Mejía y García Moreno, por más señas.
Una caricatura de golpe de Estado, que nació, como se ve, con olor a cadáver y que produjo un baño de sangre dentro y fuera del Palacio de Carondelet: 11 soldados muertos, 14 civiles asesinados, y más de 20 militares y ciudadanos heridos. En cuanto al héroe de la jornada, capitán araña de alto rango, que hubo ya penetrado al Palacio para hacerse cargo de los destinos del país, salió a la carrera, saltando entre muertos y heridos, para refugiarse él solo, abandonando a sus compañeros de complot, en la casa del embajador norteamericano, el cual le recordó que Estados Unidos no reconoce el derecho de asilo, por lo que le encaminó a la embajada de Chile, que en nombre del gran Pinochet, le acogió  maternalmente.
Allí terminó la aventura golpista del general Raúl González Alvear, cuya hazaña la relata él mismo en un mamotreto de 474 páginas, un libraco titulado “Memorias para la historiaecuatoriana- 1 de septiembre de 1975”, publicado en 2004. Entre otras maravillas, el libro contiene un documento que los agentes de la CIA pusieron a circular profusamente antes del fallido golpe, como uno que se atribuye a un anónimo “investigador militar” y que contiene una lista de personajes políticos y periodistas que supuestamente se hallaban a sueldo de Rodríguez Lara, en la que figura el escritor Jaime Galarza Zavala, que por entonces estuvo preso durante dos años, justamente bajo el Gobierno de Rodríguez Lara, a raíz de la publicación de su obra El Festín del Petróleo. Los militares de hoy deberían conocer  bien esta historia, que es una breve enciclopedia de la infamia y la traición. Así comprenderían mejor lo que son la CIA y el fascismo.

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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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miércoles, 1 de mayo de 2013

DOS HISTORIAS, DOS LECCIONES


Terminó el mes de abril que, para el Ecuador y América Latina, más que perfumes primaverales trae recuerdos teñidos de sangre. Cierto que entre nosotros el día 13 de Abril es fecha de gloria, por ser el natalicio de Juan Montalvo, símbolo de genio creativo y de pasión por la libertad, pero este mes también nos recuerda el tenebroso asesinato de Milton Reyes, líder universitario, en 1970, cuando era Ministro de Defensa Jorge Acosta Velasco, denunciado por Philip Agee como agente de la CIA.
Abril fue también, en 1961, el mes del asalto a Cuba en Bahía de Cochinos por un batallón de mercenarios de origen cubano, domesticados, entrenados y armados por la CIA, solo para rendirse cobardemente a las 24 horas. Y especialmente, abril es el mes de uno de los más inicuos actos intervencionistas del Pentágono, cuando en 1965 40 mil marinos norteamericanos invadieron la República Dominicana, pequeño territorio caribeño- la quinta parte del territorio ecuatoriano-, que a la sazón contaba con apenas cuatro millones y medio de habitantes.
La invasión tuvo por finalidad frenar la revolución popular que había estallado contra el gobierno títere impuesto por los yanquis, una vez derrocado en 1963 el Presidente Juan Bosch, que representaba la dignidad del país y era resuelto defensor de su soberanía y declarado amigo de la Revolución Cubana. Lo de siempre: miles de muertos y heridos, prisioneros torturados y patriotas lanzados al exilio. Todo  mientras la falaz OEA servía de taparrabos a los impúdicos invasores.
La invasión a la República Dominicana nos repitió la lección que América Latina aprendió en Guatemala en 1954: que el Imperio del dólar es implacable frente a los procesos revolucionarios, sin detenerse en la invasión,  la guerra y el establecimiento de sanguinarios títeres cuando ve afectados o amenazados sus descomunales intereses.
Cobijada en esta historia dominicana, hay una pequeña pero elocuente historia ecuatoriana.  Tomamos el diario capitalino El Comercio, edición del domingo 7 de mayo de 1965, un mes después del gigantesco asalto mencionado. Leemos este titular de escándalo: “UN COMUNISTA ECUATORIANO DIRIGIÓ SUBLEVACIÓN ROJA EN REPÚBLICA DOMINICANA. Se trata de Jaime Galarza que estaba en las guerrillas del Toachi en 1962 y fue quien dirigió el movimiento terrorista en el Ecuador hasta que se inició la revolución dominicana”.  El engendro periodístico publicado por El Comercio tenía su origen en Río de Janeiro, y traía el sello de USIS, la agencia noticiosa norteamericana, vinculada a la Casa Blanca y a la CIA, como todo el mundo lo sabe. 
Al día siguiente de aparecido el engendro, el padre de Jaime Galarza, doctor Rafael Galarza Arízaga, distinguido parlamentario, periodista y catedrático de la Universidad Central,  acudió a la redacción del diario y pidió que se aclarara esta malévola información, pues su hijo nunca estuvo en la República Dominicana, se hallaba perseguido con saña por la dictadura que imperaba en el Ecuador (la Junta Militar dirigida por el Contralmirante Ramón Castro Jijón) y la versión norteamericana podría tener funestas consecuencias para el inculpado. El Comercio ofreció publicar esta aclaración, y pese a la insistencia del Dr. Galarza, nunca lo hizo. Seguramente para el periódico tenía más valor la versión de USIS y la CIA que la palabra de un ecuatoriano conocido y respetado por todos. 
Una breve historia que tiene algún interés público, y una lección más sobre lo de siempre: para los grandes medios privados, la tan cacareada libertad de expresión es pura paja.

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miércoles, 24 de abril de 2013

PATRÓN GALITO


Los huasipungueros de la Hacienda Zuleta y las hábiles indígenas que bordaban hermosas blusas y camisas, le llamaban así, con reverencia aprendida a latigazos desde la Colonia: Patrón Galito. Y patrón Galito sonreía magnánimo, condescendiente, con talento de capitalista moderno, que sabía que el indio rendía más y mejor si se le despellejaba con guante de seda, si se le alimentaba al menos con la atención brindada a las enormes vacas de la Hacienda.
Lo que ignoraban sus huasipungueros y sus bordadoras es que Patrón Galito iba pronto a ocupar la Presidencia de la República, desde 1948 a 1952. Y es que a su vez los patrones principales, los amos de Washington, lo tenían prefabricado desde antes para tan altas funciones. Efectivamente, John Gunther, periodista norteamericano que circulaba por los pasillos de la Casa Blanca, hizo el anuncio correspondiente al publicar en 1942 su libro El Drama de América Latina, en que estampa estas bellísimas frases:
Es un hombre de unos treinta y cinco años, de buena presencia, de voz suave y vigorosa…Plaza fue Ministro de Guerra durante cuatro años. Es enteramente partidario de los norteamericanos…Durante un tiempo se divirtió organizando corridas de toros…Fue Galo Plaza quien tomó la iniciativa de fundar una escuela norteamericana en Quito…Fue también el hombre que impidió que el ejército se rebelara contra el Presidente Arroyo del Río…Galo Plaza será algún día Presidente del Ecuador.
¡ Y cómo no iba a serlo si lo había resuelto así la Casa Blanca! El patrón de los indios de Zuleta, Patrón Galito, tenía por encima patrones inmensamente más altos y poderosos, comenzando por su permanente auspiciador, Nelson Rockefeller, dueño de la empresa petrolera más grande en la historia del mundo, y de latifundios en el Ecuador, como Coffea Robusta, en el cantón Balzar.
En cuanto a que Patrón Galito impidió que los militares se rebelaran contra el tirano Arroyo del Río, cierto, muy cierto, y esto porque para Washington, el tirano guayaquileño era el “Apóstol del Panamericanismo”¨; de ese panamericanismo que nos sacrificó en Río de Janeiro para que la petrolera de Rockefeller se apoderara de los territorios amazónicos que históricamente pertenecieron al Ecuador. Consecuente con ello, Galo Plaza, junto con Camilo Ponce Enríquez, respaldaron el Protocolo de Río e hicieron público en la prensa ese respaldo, al solicitar que el Congreso Nacional ratificara el vil instrumento.
¡Y hay quiteños que no se inmutan al ver que una anterior administración municipal recortó el nombre de la Avenida Diez de Agosto – símbolo de la patria- para implantarle el nombre de Patrón Galito. Verguenza sobre verguenza.

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miércoles, 17 de abril de 2013

GALO PLAZA, príncipe favorito de la OEA


Recorra usted en Quito la avenida Diez de Agosto de sur a norte y se topará con que de pronto cambia de nombre y se llama GALO PLAZA LASSO. Talvez no le llame la atención el hecho y piense que se trata de una burrada más de “este ambiente de Quito municipal y espeso”, que dijera hace cien años el poeta Arturo Borja. Y sin embargo, este cocinado es irritante. ¿ A qué burgomaestre se le ocurrió el desatino de abandonar la fecha emblemática que nos honra a todos los ecuatorianos y que convirtió a nuestra capital en Luz de América, para sustituirla por el nombre del gobernante que más hiciera en el siglo veinte para entregarnos atados de pies y manos a los yanquis? Claro que los grandes medios nos presentan al hijo del matador de Alfaro, Leonidas Plaza Gutiérrez, como  espíritu democrático y símbolo de gobernante empeñado en el progreso económico del país. Lo que es perfectamente explicable porque olivos y aceitunos todos son unos. Mas bastan unos cuantos datos para remover la memoria y encontrar la faz verdadera de quien fuera no solo grande amigo de Nelson Rockefeller, el amo absoluto del más feroz dinosaurio petrolero, la Standard Oil de Nueva Jersey, sino el príncipe favorito de los monarcas del Imperio. Acordémonos de lo siguiente: la Shell, el otro más grande dinosaurio petrolero, éste de origen angloholandés, se hallaba apoderado de medio Oriente ecuatoriano gracias a la concesión (un increíble regalo) que le hiciera en 1937 el dictador Federico Páez. Pues bien, pronto la Shell anunció que , dados los espectaculares descubrimientos de petróleo amazónico, pronto manaría de los pozos una riqueza enorme para hacerle feliz al hambriento pueblo ecuatoriano. 
De pronto cambió el disco y sus personeros lanzaron desvergonzadamente la versión de que, hablando serio, nunca hallaron el oro negro, cuando miles de trabajadores y pobladores amazónicos sabían de las perforaciones exitosas y vieron cómo la compañía sellaba pozos altamente productivos. Fue entonces cuando Galo Plaza, instalado en Carondelet como primer mandatario, hizo su famosa declaración: “EL ORIENTE ES UN MITO. ALLÍ NO HAY PETRÓLEO. TAMPOCO ESAS TIERRAS SON BUENAS PARA LA AGRICULTURA. DEBEMOS ACERCARNOS A LA COSTA”. Así se fue la Shell, debiendo millonadas al Estado, a los trabajadores y a las poblaciones orientales. El pueblo hubo de mascar su decepción y su rabia. Lo grande es que poco después Plaza concedía esos territorios nuevamente a la Shell pero esta vez abrazada a su  antiguo rival, la Standard. El resto es historia, y está registrada en el libro El Festín del Petróleo. ¿Acercarnos a la Costa? Claro que lo hizo Plaza, en cumplimiento del otro mandato del Imperio: convertir al Ecuador en país bananero en vista de que las inundaciones y los vientos huracanados habían arruinado las plantaciones de las United Fruit en Centroamérica.
No pararon allí los servicios de Plaza a los yanquis. Poco después, en 1950, firmaba el Pacto Militar con Estados Unidos por el cual el Ecuador se comprometía a brindar apoyo en materia de territorio, hombres y armas para las guerras del Imperio, y como se hallaba encendida la guerra de Corea Plaza donó millares de quintales de arroz para las tropas yanquis. Sobre esta historia volveremos otro día. Por ahora rematemos estas líneas consignando el siguiente hecho: en 1968, gobernando el Ecuador Otto Arosemena Gómez, emblema de corrupción y entreguismo, movió cielo y tierra para conseguir que Galo Plaza Lasso fuera elegido Secretario General de la OEA, conforme un nuevo mandato del Imperio. Y lo consiguió para desgracia del Ecuador y América Latina.

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miércoles, 10 de abril de 2013

La OEA, nuestra enemiga


El panamericanismo fue una doctrina y un mecanismo creado por iniciativa de Washington como medio para sujetar las riendas de los Estados del continente a los intereses del imperialismo norteamericano.  Se ejercitaba principalmente a través de conferencias interamericanas, que se reunían cada vez que los gobiernos yanquis requerían aparentar una voluntad libre y democrática de dichos Estados. Cada una de ellas significaba un nuevo paso en la eterna agresión de Estados Unidos a nuestros pueblos, verbigracia, la Conferencia Panamericana reunida en enero de 1942 en Río de Janeiro. Para entonces, la República del Ecuador llevaba seis meses de sufrir el sangriento asalto del militarismo peruano, La provincia de El Oro gemía bajo la bota del ocupante extranjero. Poblaciones suyas como Machala, Santa Rosa, Arenillas, Huaquillas, Pasaje y muchas más fueron bombardeadas y saqueadas, mientras los habitantes, cargando con niños, ancianos y enfermos huían por las montañas y la selva tropical a buscar refugio en otros lares. Durante seis meses en que chorreaba la sangre de este país latinoamericano invadido, ni Washington ni el panamericanismo movieron un dedo para detener la agresión peruana.
Pero en diciembre del 41 el Japón atacó la posesión yanqui de Pearl Harbor en el Pacífico. Enseguida fue convocada la Conferencia de Río para tratar y acordar un solo punto: solidaridad continental con los Estados Unidos. Solo entonces, al último, ante el pedido lloriqueante, que no digno, de la delegación ecuatoriana, como molesto asunto de menor cuantía, se trató el tema creado por la agresión peruana. Y ocurrió lo que era previsible: se ordenó que el Ecuador aceptara las exigencias peruanas que consistían básicamente en llevarse la mitad de nuestra Amazonía y despojarnos de la salida al gran río, la cual siempre la habíamos tenido. El canciller ecuatoriano, Julio Tobar Donoso, oligarca y conservador, en vez de cortarse la mano para no suscribirlo, firmó el infame Protocolo de Río de Janeiro, conforme instrucciones del Presidente Carlos Alberto Arroyo del Río, oligarca y liberal, que más que presidente se había constituido en dictador gracias a  las “facultades omnímodas” concedidas por un Congreso Nacional integrado por una mayoría de esbirros.
El clamor del pueblo fue estruendoso. Los estudiantes, que pedían armas para defender la patria, fueron encarcelados y torturados. Mientras las multitudes bramaban contra el Protocolo- burlescamente llamado “de paz, amistad y límites”-, el Presidente de Estados Unidos, Franklin D.Roosevelt, recibía en triunfo al dictador Arroyo, quien fue agasajado espectacularmente por Nelson Rockefeller, el amo de la Standard Oil de Nueva Jersey, el monopolio petrolero más grande del mundo, que se hallaba detrás de la agresión peruana en el afán de consolidar su imperio con la concesión del oriente ecuatoriano, donde se había asentado su gran rival, la Shell angloholandesa .( La todopoderosa Standard, bajo el disfraz de International Petroleum Company, IPC, era dueña del petróleo peruano desde comienzos del siglo veinte). En medio de los múltiples honores prodigados al dictador Arroyo, bendecido ostentosamente por el Cardenal Spellman, se le declaró APOSTOL DEL PANAMERICANISMO.
 Esta es apenas una muestra de la acción del panamericanismo, padre de la OEA, contra la República del Ecuador. Ya nos ocuparemos de otros capítulos de esta nefasta historia. porque hay varios más en que brilla la luz mortecina de la OEA, a pesar de los cantos de amor que le dedican los ecuagringos, esa especie de sujetos que de ecuatorianos sólo tienen la cédula de identidad, pues su corazón y su mente están siempre agarrados al dólar y al “sueño americano”.

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miércoles, 3 de abril de 2013

CON OEA O SIN OEA


El Ministerio de Colonias Americanas, mal llamado Organización de Estados Americanos, OEA,  tiene un historial turbio, que se remonta a la época en que presumía  de Unión Panamericana. Bajo este signo  efectuó en el siglo XX  una larga escalada de ataques a los pueblos de América Latina, hasta llegar a la cumbre del deshonor en los casos mayúsculos de Guatemala, Cuba y la República Dominicana. En Guatemala, a partir de 1950 se desarrollaba una verdadera Revolución, que tuvo su epicentro en la reforma agraria y la consiguiente  afectación a los latifundios de la United Fruit (Mamita Yunai, hoyBrands o Chiquita) entre cuyos principales dueños figuraban  los “gemelos del terror”: John Foster Dulles, Secretario de Estado, y su hermano Allan Dulles, Director de la CIA, la macabra central del espionaje y el terrorismo de Estados Unidos. Como el gobierno revolucionario del coronel Jacobo Arbenz no se rindió a las presiones del Imperio y siguió adelante con su acción transformadora, éste armó un ejército de mercenarios en las haciendas hondureñas de la misma Yunai, bajo la jefatura de un bribón llamado Carlos Castillo Armas, coronel retirado del ejército, e invadió su propia patria. Lo demás lo puso la propia CIA con sus aviones que bombardearon la capital, y los pelotones de fusilamiento que ensangrentaron el país. Cayó la Revolución  y desde entonces a lo largo de más de medio siglo Guatemala sufrió un torrencial desangre para gloria y ventura de las multinacionales yanquis y el gorilismo vendepatria. Antes de ello, una conferencia interamericana condenó a Guatemala y Dulles calificó al gobierno democrático como “oveja negra “entre las naciones americanas. La respuesta del digno canciller, Guillermo Toriello, fue contundente: “preferimos ser la oveja negra y no el rebaño”.
Cinco años después. el 1 de enero de 1959, triunfaba la Revolución Cubana y desde ese día hubo de soportar el pueblo cubano la agresión imperialista, alcahueteada por la OEA, que en 1962 terminó expulsando de su seno al país de José Martí , para luego exigir a las naciones del continente romper relaciones con Cuba, al igual que lo hizo el amo del rebaño. Los cubanos, tan dados a la alegría salieron entonces a bailar en las calles, repitiendo con voz de multitudes el estribillo:
¡CON OEA O SIN OEA
GANAREMOS LA PELEA!
Y  la ganaron, para ejemplo del mundo: supieron defender y conservar la Revolución en su pequeño país, que es menos de la mitad del territorio ecuatoriano. Y esto pese al criminal bloqueo que  les priva de medicinas, alimentos, mercados y maquinaria.
Tres años después, en abril de 1965, la OEA solapó el asalto de 40 mil marines norteamericanos contra la República Dominicana, a fin de establecer un gobierno de testaferros e impedir que Juan Bosh, el presidente antes derrocado, retornara al poder, a la cabeza de las multitudes patrióticas que seguían su conducción luminosa.
Este es un  recuento mínimo de las acciones nefastas de la OEA, esa alcantarilla por donde circulan las aguas servidas de la política colonialista de Estados Unidos. ¡Y todavía hay conchudos que en Ecuador proclaman la santidad de la OEA! Esperen. Ya les recordaremos en esta misma columna otras hazañas del Ministerio de Colonias efectuadas contra el Ecuador y otros países de América Latina. Y es que ahora no son únicamente los cubanos los que claman sino todo el continente: ¡CON  OEA O SIN OEA, GANAREMOS LA PELEA!

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