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jueves, 29 de diciembre de 2016

OTRO FESTÍN DEL PETRÓLEO


En marzo de 1972 vio la luz por primera vez nuestra obra intitulada ‘Elfestín del petróleo´’, que pasa revista a un sinnúmero de gobiernos constitucionales y dictatoriales que ha sufrido el Ecuador desde comienzos del siglo veinte, todos los cuales –unos más, otros menos-  habían  entregado a las compañías petroleras multinacionales, concesiones territoriales y derechos de exploración y explotación de nuestros hidrocarburos por medio siglo y más a cambio de miserables centavos.

Uno de los contratos más inicuos y desvergonzados fue el suscrito por elministro Jaime Nebot Velasco en 1960 a favor de una compañía fantasmadenominada ‘Minas y Petróleos’: cuatro millones y medio de hectáreas en la Amazonía. El gánster norteamericano favorecido por la increíble concesión era Howard Steven Strouth, quien por esos días fue entrevistado por el periodista alemán Thilo Koch, al que manifestó entre risotadas: “Tengo en mi poder cinco millones de dólares para mantener de buen humor a los gobernantes ecuatorianos”.

Ya por entonces la corrupción petrolera campeaba en el país, al cual el presidente Galo Plaza pretendió engañar diciéndole “El oriente es un mito” y que en la Amazonía, entonces entregada a  la Shell, no había petróleo. Luego vendría la dictadura de ‘los cuatro coroneles de la traición’, presidida por el almirante Ramón Castro Jijón, la cual abrió generosamente las puertas del más grande festín petrolero a la Taxaco (Chevron), cuya presencia fue una maldición para los pobladores amazónicos y la naturaleza misma.  

Luego desfilarían gobiernos como los de Otto Arosemena,  Velasco Ibarra, los triunviros, Osvaldo Hurtado, Febres Cordero, Borja, Sixto Durán,  Mahuad, Lucio Gutiérrez, en fin, toda una saga de demagogos y de vendepatrias. Durante ese largo festín tuvo lugar el reinado más vil e impune de la corrupción  prohijada por la riqueza petrolera: bancos privados, fiebre de urbanizaciones y plusvalía, oleoductos, compraventa de hidrocarburos y derivados, casas en Miami, camaroneras, compañías de seguros, brotaron como hongos para consolidar el dominio extranjero y de la burguesía ecuatoriana.

En esas condiciones y sobre tales antecedentes, surgió la Revolución Ciudadana, con banderas de soberanía nacional, derechos de las mayorías, rescate de los recursos naturales.  Así, desde el año 2007 hasta hoy que finaliza el 2016, bajo la dirección del presidente Rafael Correa se avanzó un buen trecho del camino, pero ahora surge una montaña de obstáculos erigida por capítulos de corrupción gigantesca en Petroecuador, donde Carlos ParejaYanuzelli se ha coronado rey y padrino de una mafia que debe ser perseguida y exterminada, pues resulta inadmisible un segundo festín del petróleo. Peor todavía con Odebrecht encima.


E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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jueves, 24 de noviembre de 2016

UN CUENTO DE NUNCA ACABAR


Con motivo de las elecciones presidenciales y parlamentarias de febrero próximo, hemos visto desfilar, con gorra y sin gorra, a numerosas figuras militares en diversas calidades, desde comentaristas políticos, seudohistoriadores hasta candidatos al trono de Carondelet. Naturalmente, ocultando en la mochila de combate sus verdaderas intenciones, bajo el socorrido discurso de luchar contra la corrupción, defender la institucionalidad, los derechos humanos y, muy especialmente, la libertad de expresión.

Con motivo de las normas legales auspiciadas por el gobierno de la Revolución Ciudadana y referidas a las pensiones militares, el griterío de este sector se ha elevado hasta los cielos, como si viniera el fin del mundo. Así se ha sacado a relucir a troche y moche el mito de "las gloriosas Fuerzas Armadas", que según sus decires siempre estuvieron por la soberanía nacional, el pan de los pobres y la majestad de la cultura.

todo ello para que los electores se olviden de páginas tenebrosas escritas por altísimos jefes militares en distintas épocas, y para no ir muy lejos, cuando los “cuatro coroneles de la traición", encabezados por el contralmirante Ramón Castro Jijón, depusieron el 11 de julio de 1963 al presidente Carlos Julio Arosemena, cerraron todas las universidades y la Casa de la Cultura, entregaron nuestra Amazonia a Cheveron Texaco, firmaron un Pacto Secreto con el gobierno norteamericano por el cual se le entregaba la soberanía sobre nuestro mar para beneficio de los piratas del atún , esos grandes empresarios de California que saqueaban nuestras aguas.

Otro capítulo digno de recordación fue el famoso "golpe de la Funeraria" cuando el general Raúl González Alvear, entonces ya conocido como hombre de la CIA armó el sangriento asalto de Carondelet el 1 de septiembre de 1975 para desalojar del poder al gobierno encabezado por el general Guillermo Rodríguez Lara, a fin de acabar con la política petrolera nacionalista que les recortó los colmillos a los grandes lagartos petroleros norteamericanos, como en el caso del célebre convenio con ADA el consorcio fantasma traído por ese digno representante de la peor oligarquía que fue Otto Arosemena Gómez. Golpe fallido detrás del cual estuvo sin mucho ocultamiento, además de la CIA, el sanguinario dictador chileno Augusto Pinochet. Y golpe que acabó del modo más miserable con su jefe huyendo de Carondelet cuando ya había tomado el palacio, para buscar asilo en los brazos del dictador chileno, dejando atrás una veintena de muertos y heridos, entre los cuales varios de su bando.  

¿ Y cómo olvidar a los célebres "triunviros" comandados por el Almirantísimo Alfredo Poveda Burbano, que en su afán de impedir el triunfo del líder democrático Jaime Roldós Aguilera, asesinó al dirigente político economista Abdón Calderón Muñoz, que se había sumado abiertamente al triunfo roldosista?

En fin, habría para páginas y páginas en enciclopedia si hablamos de las traiciones al país, los asesinatos de líderes estudiantiles como Milton Reyes, o dirigentes obreros y campesinos cometidos por las dictaduras militares o gobiernos manejados detrás de bastidores por altos mandos, como fue entre tanto el de León Febres Cordero. Pero lo más indignante es que con esta clase de figuras militares marchen hoy a su compás dirigentes de izquierda o de movimientos sociales, sin que se les caiga la cara de vergüenza.

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jueves, 19 de septiembre de 2013

LA TEXACO Y LA CIA

Tomamos el voluminoso libro titulado “Legado de Cenizas (Historia de la CIA)”, 718 páginas escritas por el veterano periodista norteamericano Tim Weiner, reportero de The New York Times,  libro  editado en 2008 por Debate, en Colombia.  Weiner, Premio Pulitzer, escribió esta obra en base a más de 50 mil documentos y centenares de entrevistas a personajes de la CIA, del gobierno y el Congreso de Estados Unidos.
Director de la CIA, John McCone(en primer plano a la izquierda) 
con el presidente Kennedy el 29 de noviembre de 1961. Crédito: JFK Library
En la página 198 encontramos esta maravilla:“McCone (Director de la CIA) le entregó al Presidente Kennedy un documento en que se esbozaban las operaciones encubiertas en  Bolivia, Colombia, República Dominicana, ECUADOR, Guatemala y Venezuela. El documento estaba clasificado de alto secreto debido a que lo explica todo sobre los trapos sucios, le dijo McCone al Presidente. ‘Una maravillosa colección o diccionario de sus crímenes’, añadió George Bundy con una carcajada”. Esto ocurría el 15 de agosto de 1962.
McGeorge Bundy  y John Fitzgerald Kennedy
Este festivo Bundy era nada menos que  el asesor de seguridad  nacional de Kennedy. Y bien: ¿cuál es el interés histórico de este singular pasaje.  Uno, que poco después, desde 1962 a 1964, esas “ operaciones encubiertas” se convertían en brutales golpes de Estado en Bolivia, con el entronizamiento de la dictadura del general Barrientos; en la República Dominicana, con el derrocamiento del Presidente Juan Bosch; en Brasil, con el derrocamiento del gobierno nacionalista de Joao Goulart, y en el Ecuador, con el derrocamiento del Presidente Carlos Julio Arosemena, el 11 de julio de 1963,  para sustituirlo con la Junta Militar (Los 4 Coroneles de la Traición) encabezada por Ramón Castro Jijón. Golpes de Estado todos fraguados por la CIA, encaminados a servir a las multinacionales imperialistas y a los designios políticos de Washington, en medio de persecución, tortura y muerte de millares de ciudadanos en todos estos países latinoamericanos. En nuestra desventurada patria, poco después, en marzo de 1964, reventó la bomba: fue el suculento regalo hecho por la Junta Militar a favor de la Texaco de una inmensa tajada territorial en la Amazonía: un millón cuatrocientos treinta y un mil hectáreas, que comparativamente era mayor a la mitad de toda la provincia de Pichincha, siendo la ridícula  obligación de Texaco pagar 25 centavos desucre por año y por cada hectárea, lo que significaba un valor inferior a un plato de caldo de patas. Y esto para 50 años que duraba la concesión, con derecho a prórroga de diez más si Texaco lo quería. Y cuando apenas pagaba un seis por ciento de regalía, cuando ya en países árabes la empresa pagaba hasta el 50 por ciento de su producción. De esa concesión y otra posterior de 650 mil hectáreas, Texaco sacó en menos de 30 años más de mil millones de barriles del mejor crudo existente en el mundo, y por lo mismo de los más caros, para convertirlos allá, en Estados Unidos, en los miles de derivados como  gasolina y lubricantes. que luego nos vendería a nosotros mismos.
Para eso sirvió el golpe de Estado maquinado aquí por la  CIA, y para que luego venda un paquetazo de acciones a la Chevron,  y para que entrelas dos hoy día se nieguen a pagar la multa de 19 mil millones que con justa razón reclaman los pueblos de la Amazonía, afectados de destrucción, cáncer y muerte por la  bárbara explotación de crudos que hiciera esta compañía, que también se comió crudo la soberanía y la dignidad de los ecuatorianos. De allí que es tan justa la sentencia dictada por los jueces ecuatorianos y ese clamor que crece en todo el país


SOBERANÍA Y DIGNIDAD,
CHAVERON-TEXACO NUNCA MÁS



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miércoles, 1 de mayo de 2013

DOS HISTORIAS, DOS LECCIONES


Terminó el mes de abril que, para el Ecuador y América Latina, más que perfumes primaverales trae recuerdos teñidos de sangre. Cierto que entre nosotros el día 13 de Abril es fecha de gloria, por ser el natalicio de Juan Montalvo, símbolo de genio creativo y de pasión por la libertad, pero este mes también nos recuerda el tenebroso asesinato de Milton Reyes, líder universitario, en 1970, cuando era Ministro de Defensa Jorge Acosta Velasco, denunciado por Philip Agee como agente de la CIA.
Abril fue también, en 1961, el mes del asalto a Cuba en Bahía de Cochinos por un batallón de mercenarios de origen cubano, domesticados, entrenados y armados por la CIA, solo para rendirse cobardemente a las 24 horas. Y especialmente, abril es el mes de uno de los más inicuos actos intervencionistas del Pentágono, cuando en 1965 40 mil marinos norteamericanos invadieron la República Dominicana, pequeño territorio caribeño- la quinta parte del territorio ecuatoriano-, que a la sazón contaba con apenas cuatro millones y medio de habitantes.
La invasión tuvo por finalidad frenar la revolución popular que había estallado contra el gobierno títere impuesto por los yanquis, una vez derrocado en 1963 el Presidente Juan Bosch, que representaba la dignidad del país y era resuelto defensor de su soberanía y declarado amigo de la Revolución Cubana. Lo de siempre: miles de muertos y heridos, prisioneros torturados y patriotas lanzados al exilio. Todo  mientras la falaz OEA servía de taparrabos a los impúdicos invasores.
La invasión a la República Dominicana nos repitió la lección que América Latina aprendió en Guatemala en 1954: que el Imperio del dólar es implacable frente a los procesos revolucionarios, sin detenerse en la invasión,  la guerra y el establecimiento de sanguinarios títeres cuando ve afectados o amenazados sus descomunales intereses.
Cobijada en esta historia dominicana, hay una pequeña pero elocuente historia ecuatoriana.  Tomamos el diario capitalino El Comercio, edición del domingo 7 de mayo de 1965, un mes después del gigantesco asalto mencionado. Leemos este titular de escándalo: “UN COMUNISTA ECUATORIANO DIRIGIÓ SUBLEVACIÓN ROJA EN REPÚBLICA DOMINICANA. Se trata de Jaime Galarza que estaba en las guerrillas del Toachi en 1962 y fue quien dirigió el movimiento terrorista en el Ecuador hasta que se inició la revolución dominicana”.  El engendro periodístico publicado por El Comercio tenía su origen en Río de Janeiro, y traía el sello de USIS, la agencia noticiosa norteamericana, vinculada a la Casa Blanca y a la CIA, como todo el mundo lo sabe. 
Al día siguiente de aparecido el engendro, el padre de Jaime Galarza, doctor Rafael Galarza Arízaga, distinguido parlamentario, periodista y catedrático de la Universidad Central,  acudió a la redacción del diario y pidió que se aclarara esta malévola información, pues su hijo nunca estuvo en la República Dominicana, se hallaba perseguido con saña por la dictadura que imperaba en el Ecuador (la Junta Militar dirigida por el Contralmirante Ramón Castro Jijón) y la versión norteamericana podría tener funestas consecuencias para el inculpado. El Comercio ofreció publicar esta aclaración, y pese a la insistencia del Dr. Galarza, nunca lo hizo. Seguramente para el periódico tenía más valor la versión de USIS y la CIA que la palabra de un ecuatoriano conocido y respetado por todos. 
Una breve historia que tiene algún interés público, y una lección más sobre lo de siempre: para los grandes medios privados, la tan cacareada libertad de expresión es pura paja.

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