Mientras
Julián Assange cumplirá en junio próximo un año de encierro involuntario,
aunque salvador, en la embajada ecuatoriana de Londres, las verdades que él
desencadenó en potentes chorros a escala universal, siguen golpeando con fuerza
al gran Imperio del dólar, mediante millones de WikiLeaks que documentan el
siniestro papel de su diplomacia, al confabularse con toda clase de bribones
para propiciar golpes de Estado y manipulaciones mil en las que la mano enguantada de la CIA asoma
inconfundible.
Es
el caso del Ecuador, donde vemos la poca simpatía de los yanquis hacia la
dictadura militar del general Guillermo Rodríguez Lara, particularmente por su
política petrolera nacionalista, que le llevó a ingresar en la OPEP, crear
CEPE, anular concesiones gangsteriles como las otorgadas por el presidente Otto Arosemena Gómez al fantasmal consorcio norteamericano ADA en elGolfo de Guayaquil.
Por esos Wikileaks, publicados únicamente por El Telégrafo,
sabemos también que el golpe palaciego que desplazó a esta dictadura- que duró
desde febrero de 1972 hasta comienzos del 76- gozó de las simpatías
imperialistas porque el jefe del nuevo gobierno instalado en Carondelet, “el
Almirante Poveda, es el más pro norteamericano”, como lo califica el embajador Brewster. Lo que no revelan los documentos publicados –es de esperar que asomen
otros nuevos- es la macabra tragicomedia encabezada por el general Raúl González Alvear el 1 de septiembre de 1975, comandado no desde un cuartel
militar, sino ¡desde una funeraria! Desde la Funeraria Quito, situada en Mejía
y García Moreno, por más señas.
Una
caricatura de golpe de Estado, que nació, como se ve, con olor a cadáver y que
produjo un baño de sangre dentro y fuera del Palacio de Carondelet: 11 soldados
muertos, 14 civiles asesinados, y más de 20 militares y ciudadanos heridos. En
cuanto al héroe de la jornada, capitán araña de alto rango, que hubo ya
penetrado al Palacio para hacerse cargo de los destinos del país, salió a la
carrera, saltando entre muertos y heridos, para refugiarse él solo, abandonando
a sus compañeros de complot, en la casa del embajador norteamericano, el cual
le recordó que Estados Unidos no reconoce el derecho de asilo, por lo que le
encaminó a la embajada de Chile, que en nombre del gran Pinochet, le acogió maternalmente.
Allí terminó la aventura
golpista del general Raúl González Alvear, cuya hazaña la relata él mismo en un
mamotreto de 474 páginas, un libraco titulado “Memorias para la historiaecuatoriana- 1 de septiembre de 1975”, publicado en 2004. Entre
otras maravillas, el libro contiene un documento que los agentes de la CIA
pusieron a circular profusamente antes del fallido golpe, como uno que se
atribuye a un anónimo “investigador militar” y que contiene una lista de
personajes políticos y periodistas que supuestamente se hallaban a sueldo de
Rodríguez Lara, en la que figura el escritor Jaime Galarza Zavala, que por
entonces estuvo preso durante dos años, justamente bajo el Gobierno de
Rodríguez Lara, a raíz de la publicación de su obra El Festín del Petróleo. Los
militares de hoy deberían conocer bien
esta historia, que es una breve enciclopedia de la infamia y la traición. Así
comprenderían mejor lo que son la CIA y el fascismo.
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escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en
contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis
Fernando Carvajal Herrera.
Atte.