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miércoles, 13 de abril de 2016

LOS MOELLER Y SUS LOTERIAZOS

No hay duda de que en Ecuador hay familias afortunadas, sobre todo si nacen en Guayaquil de mis dolores. Es el caso de la familia Moeller, a la cual desde hace fú le han llovido jugosos loteriazos. El primer nombre con ese apellido que brilló en el panorama nacional fue el de Juan Moeller, allá por los años 60 del siglo XX. Lo reveló Philip Agge, el célebre ex agente de la CIA en su famoso diario (1974). Allí nos cuenta que el bienaventurado Juan oficiaba entonces como agente en Quito de la central norteamericana para el terrorismo y el espionaje, como destacado integrante de la Asamblea Mundial de la Juventud, que concedía becas internacionales y viajes de placer alrededor del mundo a sus afiliados. Un suculento loteriazo.

Esto mientras las "pandillas socialcristianas" entrenadas y pagadas por la CIA, según Agee,  ponían bombas en los templos para inculpar a Fidel Castro y a los comunistas, y azuzaban a los campesinos para linchar profesores, como los hermanos Velicela en Santa Ana, cerca de Cuenca, bajo la consigna de que  nuestro país rompiera relaciones con la Cuba revolucionaria.

La Junta de Beneficencia fue fundada en 1888 por los "gran cacao" de la época, devoradores de tierras en Guayas y los Ríos, supuestamente con fines filantrópicos  para favorecer a los pobres, esquilmados por la misma oligarquía porteña.

Poco después, la Junta sacó a público su gran invención: la Lotería de Guayaquil, llamada así durante varias décadas, hasta que a un despistado prefecto  capitalino se le ocurrió anunciar la creación de la "lotería de Pichincha" La furia de aquella oligarquía y de sus paladines de la Junta de Beneficencia fue terrible. Poco faltó para que Quito fuera amenazado con  la bomba atómica. El argumento de los patricios de la Junta fue que ésta no sólo beneficiaba a los guayaquileños sino a toda clase de muertos de hambre arrojados al Puerto por la miseria nacional, como era -argumentaban- el caso de los hospitales.

El prefecto de Pichincha reculó en su audaz proyecto y los patricios, con esa viveza criolla en que son expertos,  enseguida le cambiaron  de nombre a la Lotería de Guayaquil y la bautizaron como "Lotería Nacional". Después vinieron las Raspaditas, el Lotto, el Pozo Millonario.  Todo para aumentar el enorme volumen de los ingresos de la Junta, que constituyen una especie de impuestos a la esperanza de los pobres ecuatorianos.

Y vaya si  algún gobierno intenta fiscalizar y auditar la incontable fortuna de la Junta y las prebendas de sus dichosos 39 directivos... Ese día se parte el cielo y San Pedro cae con sus  llaves y se ahoga en el Estero Salado, hoy convertido en cloaca por el abandono municipal.

Pero volvamos al ilustre apellido de esta familia de potentados. Cerremos la historia con un broche de oro: el caso de Heinz Moeller, del cual el terrible Don Buca se burlaba diciendo  que tenía nombre de cerveza alemana. Canciller del Fabiolo, elocuentísimo orador del parlamento ecuatoriano, se destacó en él en 1989 como presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales, dando el visto bueno al gobierno de Jamil Mahuad para que celebrara la entrega de la Base de Manta a los militares norteamericanos, en franca violación de la Constitución que ordenaba que todo tratado y convenio internacional que suscribiera el país fuera primero aprobado por el parlamento ecuatoriano. Nunca lo fue, y el pueblo ecuatoriano no cayó en cuenta de este terrible golpe de traición nacional, pues en esos mismos días Mahuad, con el apoyo de los Guillermo Lasso, los Nebot, los Moellar y sus congéneres dictaba el feriado bancario que lanzó a la emigración a tres millones de ecuatorianos, el cuarto de toda la población.

Hoy se revela que la ilustre casa Moeller está, entre tantos otros, envuelta en las sábanas sucias de los "Papeles de Panamá".

E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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jueves, 7 de abril de 2016

EL DEDO EN LA LLAGA


La edición de lunes 4 de abril del diario EL TELÉGRAFO inserta una extensa carta de Lenin Moreno dirigida a Doris Soliz, secretaria ejecutiva de Alianza País en que, a título de reflexiones, plantea varios cuestionamientos a la política de la organización, .de cuya dirección nacional él mismo forma parte.  Una de las frases  del ex vicepresidente de la República afirma: "Debemos ser autocríticos y reconocer que no hemos logrado cambiar el yo interior de nuestro pueblo", por lo que en su seno están vigentes los valores capitalistas y no los socialistas. La necesidad de la autocrítica ya fue planteada por el presidente Rafael Correa la noche misma de febrero, cuando la gran derrota electoral de Alianza País.

Entonces él fustigó la mentira según la cual se hallaban organizados 4.000 Comités de la Revolución Ciudadana, cuando - así manifestó- en realidad no llegaban a 400 Entonces se habló de lo pernicioso que era el sectarismo, mal que esa noche inauguró una nueva etapa de equivocaciones, cuando algún socialista lanzó la consigna de "reelección presidencial", tras la cual se movió la militancia dejando de lado los graves problemas de la economía nacional y las carencias de los sectores populares, mientras se subestimaba la necesidad de la "formación política" de la militancia y el pueblo. Punto este último en que Lenin Moreno insiste reiteradamente.

Otros temas destacados de la carta se refieren a la "necesidad de profundizar la reforma agraria" tesis muy justa en un país donde superviven los latifundios y la postergación  tradicional de los campesinos, como puede verse en los millares de madres con sus hijos abandonando el campo para vender chiclets o loterías en las ciudades. Además, la exigencia al respecto encaja en la repetida declaración del presidente Correa: "sin revolución agraria no hay Revolución Ciudadana".

En fin, la carta de Lenin Moreno, que se la puede conseguir íntegra -cinco páginas- en Internet, viene a poner el dedo en la llaga, pues toca de frente y con hondura los problemas básicos del movimiento y del proceso mismo. Con la ventaja de que la carta es documento público y, por tanto, servirá para animar un movido debate; si la hubiera hecho privada, bien podría haber acabado en alguna gaveta burocrática.

El mismo día el periódico publica una larga entrevista -8 columnas- a Doris Soliz, íntegramente encaminada a puntualizar y comentar la temática expuesta en la carta. La entrevista comienza con esta expresión: "Hay que señalar que la carta del compañero Lenin Moreno es un documento interno de reflexión con y para la militancia..."  Esta expresión de la destacada dirigente de Alianza País no repara en el hecho de que la mencionada carta circula ya más allá de la militancia, como debe ser, pues trata de asuntos que no competen únicamente a los militantes de esta organización sino a todo el pueblo, pues fueron millones de ciudadanos y ciudadanas los que dieron los repetidos triunfos a Rafael Correa y Alianza País.

Todos ellos están en el derecho de pedir cuentas sobre los pasos que se vienen dando en el proceso, pues de otro modo se caería en el viejo vicio de la partidocracia: invocar al pueblo para las urnas y después, arréglate como puedas.

Privarles a los electores del conocimiento de lo  que sucede en País  resulta, pues, una manifestación de sectarismo, que no ha tenido ninguna revolución en el mundo, al menos en sus comienzos.

Lenin, el conductor de la Revolución Rusa de 1917, admitía en el periódico Pravda escritos opuestos a su política, como fuera el caso de Trotski.

Mao Tse-Tung, líder de la Revolución China, supo juntar diversas fuerzas y partidos, que le permitieron el triunfo en 1948. Por eso la bandera de China tiene cinco estrellas, la del Partido Comunista y las de otros cuatro partidos menores que combatieron por la misma causa. En cuanto a la Revolución Cubana, es histórico el combate abierto y público de Fidel Castro contra el sectarismo, en los comienzos de la Revolución misma. Así, sin ocultar la verdad, educó al pueblo cubano en la necesidad de preservar a la Revolución de ese cáncer llamado sectarismo.  

Estos ejemplos deberían ser conocidos y analizados en las Conferencias Ideológicas a las que se alude en la mencionada entrevista..


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jueves, 24 de marzo de 2016

El femicidio de ayer y hoy


El crimen monstruoso que se cometió hace poco en Montañita con dos chicas argentinas ha dado lugar a que crezca en el medio ecuatoriano e internacional una conciencia mayor y más activa en contra del femicidio, tenebrosa lacra de la humanidad desde antaño, recrudecida en los tiempos modernos por varios factores, como el individualismo galopante que disemina el capitalismo salvaje, el narcotráfico, las guerras desencadenadas por el imperio del Norte, etc. Bien hacen, pues, quienes organizan actos de solidaridad con las víctimas, de repudio al crimen y de exigencia que la investigación en curso aclare los detalles.

Pero es absolutamente innoble el aprovechamiento del condenable suceso para hacer política contra el Gobierno, en procura de obtener bonos electorales, cuando la acción policial, dirigida desde arriba por el ministro del Interior, José Serrano, fue tan oportuna y eficiente que a las 6 horas ya se establecieron bases seguras para el esclarecimiento del hecho y la severa condena de los asesinos.

Las marchas solidarias con las causas humanitarias no deben jamás ser manipuladas por oscuros apetitos políticos y menos, en este caso, manipulando el dolor y el llanto de las familias de las víctimas, como lo han hecho oportunistas electoreros y los medios privados que comercian con todo, incluso con la sangre y la muerte de inocentes, en su afán de mantener y agrandar los privilegios de los poderosos criollos y extranjeros.

En cambio, este tipo de políticos y estos medios privados nada dijeron cuando en el país se cometió un femicidio en cascada durante el gobierno de León Febres-Cordero y su gobernador del Guayas, Jaime Nebot Saadi. Nos referimos al secuestro, violación, mutilaciones y asesinato de un centenar de chicas de Guayaquil y otras latitudes del país, todo encubierto bajo la cobertura de una estúpida novela policial que hizo asomar como autor único a una piltrafa humana a la cual le pusieron el nombre de Daniel Camargo, un vejete de 60 años que no disponía de dinero ni para el bus, que dormía en cualquier portal, era flaco como una lagartija y vestía como todo indigente, pero que resultó una figura criminal digna de los récords Guinness, pues con toda su desventura resultó unsuperman sexual, que sedujo a un centenar de chicas en cinco provincias de Ecuador, las llevaba a pie por largos kilómetros, las hacía caminar por los matorrales para finalmente cometer toda clase de sadismos con ellas. 

Entre los libretistas de tal telenovela figuró el coronel Hólger Santana, luego descrito en importantes medios como “policía millonario”. Y conste que antes de que Santana presentara en Guayaquil al dicho Camargo con gran despliegue publicitario y aplausos de esos medios, de esas autoridades y de los ‘pelucones’ del puerto, la misma Policía publicó en los diarios y en la TV el identikit de tres seguros autores de estos crímenes, todos ellos jóvenes y robustos, que en nada se parecían al vejete de la telenovela. Aún más, el propio presidente Febres-Cordero declaró a la prensa (por ejemplo, El Comercio del 1 de marzo de 1996): “Ha sido detenido uno de los autores de los horrendos asesinatos”. El mismo diario, el 3 de marzo, señaló que “no se trata de una sola persona, sino que cuenta con la ayuda de otros tres maniáticos”.

En fin, criminales poderosos que disponían de dinero y vehículos de lujo, gozaban de la protección oficial y, finalmente, de la complicidad de los grandes medios que exigieron la novela policial. El vejete podría ahora aclarar este espantoso oleaje de femicidio, pero un delincuente lo ultimó en prisión, y este tampoco puede ahora contarnos nada porque otro asesino acabó con él. Así los libretistas quedaron en paz, y un centenar de familias, pobres y de clase media, nunca pudieron conseguir justicia; más bien, varias de ellas se hundieron en la miseria, pues tuvieron que vender sus pocos bienes para buscar a sus hijas queridas. De allí que más de una valerosa madre le echó en cara al gobernador Nebot la acusación de que era un encubridor de los crímenes.

Como se ve, hay femicidios y femiicidios, por lo que la acción de la Policía actual y del ministro José Serrano merece el apoyo de todos, así como el febrescorderato, por este femicidio masivo, debe ser condenado para siempre.


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jueves, 17 de marzo de 2016

LA HOGUERA DEL ODIO


En nuestro país, durante el segundo mandato de Eloy Alfaro, a comienzos del siglo XX, se desató una avalancha de acusaciones, denuncias y amenazas provenientes de la derecha ultraconservadora y de militares corruptos y ambiciosos, tipo Leonidas Plaza Gutiérrez, empeñados en frenar las reformas radicales que animaban al alfarismo. Los medios de comunicación vinculados a tales sectores fueron los portavoces de esa maligna campaña, destacándose por su agresividad El Comercio, de Quito. “Triturar a la víbora” era lo más suave que proclamaba esa campaña. Rápidamente las llamas fueron creciendo y tomaron cuerpo con motivo del levantamiento del general Pedro J. Montero, que reivindicaba los valores de la Revolución Alfarista.

En esas condiciones, El Viejo Luchador retornó al país en enero de 1912, con declarados fines de buscar la conciliación y la paz alteradas por la guerra civil, en que fue derrotado Montero. Con la garantía de los cónsules británico y norteamericano, se suscribió en Durán un armisticio que garantizaba la vida y la libertad de los alzados y del propio Alfaro. Cumpliendo consignas, los extremistas hicieron tabla rasa del armisticio y el 25 de enero asesinaron en plena gobernación de Guayaquil al general Montero. Su cadáver fue arrojado desde los balcones a la calle y una horda canibalesca lo decapitó, paseando la cabeza en una pica, mutilándole los órganos genitales, que se lanzaban unos a otros en medio de estruendosas carcajadas. Conducidos de urgencia a Quito, Alfaro y un grupo de sus valerosos capitanes fueron asesinados el 28 de enero en el Penal García Moreno, los cuerpos de las víctimas arrastrados hasta El Ejido, donde se los ultrajó e incineró en una danza macabra de asesinos borrachos. Es la trágica y espeluznante historia de la “Hoguera Bárbara”.

La historia volvió a repetirse el 30 de septiembre de 2010, durante la rebelión policial (que contó con el apoyo de varios jefes militares), durante el fallido golpe de Estado y el eventual magnicidio del presidente Rafael Correa, en un desembozado intento de acabar con la Revolución Ciudadana, que a pesar de sus limitaciones y errores, ha marcado rumbos de cambios definitivos en el país. Como la intentona fracasó, hoy los sectores contrarrevolucionarios han vuelto a la carga con renovada furia, arrojando diariamente más combustible para alimentar las llamas del odio y, además, del miedo, en el insano afán de implantar la restauración conservadora neoliberal, por cualquier medio, si no les alcanza el tiempo ni las fuerzas para ganar las elecciones de 2017. Para lograrlo, todo es bueno: el calentamiento de las calles, la difamación, el insulto, la ola de denuncias sobre corrupción administrativa y supuestos atropellos, la violencia contra la fuerza pública, etc., etc. Y claro: el empleo de los medios privados y de las redes sociales en forma audaz e impune.

Por cierto, no se trata únicamente del caso ecuatoriano. El mismo libreto se aplica en todo el continente. En Argentina, contra Cristina Fernández; en Bolivia contra Evo Morales; en Brasil contra Dilma Rousseff y Lula; en Venezuela contra Nicolás Maduro, en este caso incluso recurriendo a la OEA, esa vieja alcahueta de los dictadores y del intervencionismo yanqui.

Ver solo el árbol y no divisar el bosque, en este caso, es propio de miopes políticos o ciegos de conveniencia, pues fácilmente se encuentra el lazo de todos estos movimientos en la mano del imperio y su instrumento archicriminal: la CIA.

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