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miércoles, 2 de mayo de 2018

El cuento del nebotcidio


Durante la campaña electoral de 1996, en que Jaime Nebot Saadi fue aparatosamente derrotado por Abdala Bucaram Ortiz, a fin de enganchar más votos los socialcristianos hicieron rodar la bola cuadrada de que sus opositores pretendían atentar contra su estimable vida. Con este motivo Jaime Galarza Zavala publicó un artículo bajo el título de “El cuento del nebotcidio” el 14 de marzo de 1996 en el Diario La Opinión de Machala. Este artículo nunca fue rebatido. Ha pasado 22 años desde entonces y hoy se reproduce para recordarle a nuestro desmemoriado pueblo estas hazañas del nuevo salvador de la patria, elevado a ese sitial por los gringos, la derecha y la falsa izquierda. 
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Los ecuatorianos quedamos turulatos y patidifusos cuando el abogado Heinz Moeller, jefe de la campaña electoral socialcristiana, lanzó una bomba atómica al afirmar que está en marcha un complot para asesinar a Jaime Nebot Saadi, candidato presidencial del flamante Banco de Occidente, del cual es miembro del directorio, en tanto que su papacito, Jaime Nebot Velasco, es presidente, y su querido ñaño, José Nebot Saadi, gerente general.

No dijo Moeller con qué armas se pretende aniquilar al héroe de la película febrescorderista, si con un misil aire-tierra, cartuchera recortada o tremenda bazuca. En cambio hizo tres afirmaciones contundentes:

1.   La información proviene –según él- de la policía colombiana y la policía ecuatoriana.

2.   El instrumento del crimen sería el abogado Ricardo Sánchez.

3.   Detrás de Sánchez está “un alto político que participa en la lid electoral”.

Nadie se tragó este Chimborazo y Sánchez apareció, al igual que su señora madre, para informar que él está afuera del país, que se halla en silla de ruedas a causa de un atentado urdido por los socialcristianos, y que este atentado obedeció a que Sánchez se negó a venderle un lote de 50 hectáreas al abogado Nebot.

Como remate, el Dr. Ricardo Noboa Bejarano, que fue figura muy alta en la cúpula socialcristiana, asegura que el nebotcidio es una farsa destinada a impresionar al electorado y que el mentado Sánchez fue alegre compadre de los jefes socialcristianos en materia de pistolas, gallos de riña y caballos pura sangre, peleándose a muerte por obscuros intereses. Aún más, Noboa asegura que la candidatura de Nebot dispone “de una guardia pretoriana, armada y entrenada en Israel”.

Moeller y Nebot han callado frente a esta acusación, que nos trae a la memoria el caso del célebre pistolero RanGazit, al cual Febres Cordero, en ejercicio de su presidencia, pagó 150 mil dólares (450 millones de sucres) extraídos ilegal y reservadamente del Banco Central con el pretexto de combatir al terrorismo, en una sangrienta campaña que lo mismo se llevó a Consuelo Benavides que a Nahim Isaías y a los hermanos Restrepo. Por causa de estos dólares, hoy Ran Gazit es prófugo de la justicia ecuatoriana y su nombre ha brillado en otros países del continente entre los mercenarios israelitas que trafican con armas y han entrenado a sicarios en Colombia.

Pasmado el efecto del show criminoso, hoy Nebot se niega a discutir el asunto del nebotcidio y alega que este caso lo confía a la justicia, mientras todos los días despotrica contra la justicia porque se halla politizada.

Por su parte, la policía colombiana, tan enredada con los capos del narcotráfico, no dice pío, y su homóloga ecuatoriana, tan agradecida con Heinz Moeller, ex Ministro de Policía, calla prudentemente.

Así, con cuentos descomunales como el supuesto nebotcidio, se aplica el pendejómetro a los electores, en abierto desafío a la verdad y a la inteligencia.


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C. M. Mg. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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miércoles, 13 de abril de 2016

LOS MOELLER Y SUS LOTERIAZOS

No hay duda de que en Ecuador hay familias afortunadas, sobre todo si nacen en Guayaquil de mis dolores. Es el caso de la familia Moeller, a la cual desde hace fú le han llovido jugosos loteriazos. El primer nombre con ese apellido que brilló en el panorama nacional fue el de Juan Moeller, allá por los años 60 del siglo XX. Lo reveló Philip Agge, el célebre ex agente de la CIA en su famoso diario (1974). Allí nos cuenta que el bienaventurado Juan oficiaba entonces como agente en Quito de la central norteamericana para el terrorismo y el espionaje, como destacado integrante de la Asamblea Mundial de la Juventud, que concedía becas internacionales y viajes de placer alrededor del mundo a sus afiliados. Un suculento loteriazo.

Esto mientras las "pandillas socialcristianas" entrenadas y pagadas por la CIA, según Agee,  ponían bombas en los templos para inculpar a Fidel Castro y a los comunistas, y azuzaban a los campesinos para linchar profesores, como los hermanos Velicela en Santa Ana, cerca de Cuenca, bajo la consigna de que  nuestro país rompiera relaciones con la Cuba revolucionaria.

La Junta de Beneficencia fue fundada en 1888 por los "gran cacao" de la época, devoradores de tierras en Guayas y los Ríos, supuestamente con fines filantrópicos  para favorecer a los pobres, esquilmados por la misma oligarquía porteña.

Poco después, la Junta sacó a público su gran invención: la Lotería de Guayaquil, llamada así durante varias décadas, hasta que a un despistado prefecto  capitalino se le ocurrió anunciar la creación de la "lotería de Pichincha" La furia de aquella oligarquía y de sus paladines de la Junta de Beneficencia fue terrible. Poco faltó para que Quito fuera amenazado con  la bomba atómica. El argumento de los patricios de la Junta fue que ésta no sólo beneficiaba a los guayaquileños sino a toda clase de muertos de hambre arrojados al Puerto por la miseria nacional, como era -argumentaban- el caso de los hospitales.

El prefecto de Pichincha reculó en su audaz proyecto y los patricios, con esa viveza criolla en que son expertos,  enseguida le cambiaron  de nombre a la Lotería de Guayaquil y la bautizaron como "Lotería Nacional". Después vinieron las Raspaditas, el Lotto, el Pozo Millonario.  Todo para aumentar el enorme volumen de los ingresos de la Junta, que constituyen una especie de impuestos a la esperanza de los pobres ecuatorianos.

Y vaya si  algún gobierno intenta fiscalizar y auditar la incontable fortuna de la Junta y las prebendas de sus dichosos 39 directivos... Ese día se parte el cielo y San Pedro cae con sus  llaves y se ahoga en el Estero Salado, hoy convertido en cloaca por el abandono municipal.

Pero volvamos al ilustre apellido de esta familia de potentados. Cerremos la historia con un broche de oro: el caso de Heinz Moeller, del cual el terrible Don Buca se burlaba diciendo  que tenía nombre de cerveza alemana. Canciller del Fabiolo, elocuentísimo orador del parlamento ecuatoriano, se destacó en él en 1989 como presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales, dando el visto bueno al gobierno de Jamil Mahuad para que celebrara la entrega de la Base de Manta a los militares norteamericanos, en franca violación de la Constitución que ordenaba que todo tratado y convenio internacional que suscribiera el país fuera primero aprobado por el parlamento ecuatoriano. Nunca lo fue, y el pueblo ecuatoriano no cayó en cuenta de este terrible golpe de traición nacional, pues en esos mismos días Mahuad, con el apoyo de los Guillermo Lasso, los Nebot, los Moellar y sus congéneres dictaba el feriado bancario que lanzó a la emigración a tres millones de ecuatorianos, el cuarto de toda la población.

Hoy se revela que la ilustre casa Moeller está, entre tantos otros, envuelta en las sábanas sucias de los "Papeles de Panamá".

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miércoles, 4 de noviembre de 2015

16 AÑOS DE UNA GRAN INFAMIA


A comienzos de 1999 el pueblo ecuatoriano recibió por la espalda varias puñaladas, asestadas por el presidente Jamil Mahuad, quien ascendiera al poder con el apoyo declarado del Partido Social Cristiano. La mayor herida fue la declaratoria de feriado bancario, dictada para proteger a la banca chulquera que había saqueado los bolsillos de la clase media y de los más pobres, para engorde y felicidad de un club de grandes banqueros, con Aspiazu, los Isaías, etc., etc., a la cabeza.


Acto seguido se dio la estampida de migrantes en todas las direcciones: Estados Unidos, Canadá, Italia, España, Australia y otras latitudes. Hombres y mujeres fugaban del país en busca del pan y de fortuna. Casas desoladas, pueblos desiertos, abuelos súbitamente encargados de la crianza de los nietos, esto y mucho más fue la secuela del genocidio económico ejecutado por Mahuad y sus aliados.

En esas circunstancias, cuando la ciudadanía estaba golpeada y aturdida por el drama, el gobierno de Mahuad ejecutó un crimen de lesa patria: la entrega de la Base de Manta al Pentágono norteamericano, que dispondría durante diez años renovables de un enclave militar que venía a sustituir las bases perdidas en Panamá por la acción del general Omar Torrijos y el altivo pueblo panameño.


Para aprobar el convenio entreguista, Moeller y sus muchachos se pasaron la Constitución por la suela de sus zapatos, cuando ella prohibía expresamente la entrega de territorio nacional a cualquier país extranjero, especialmente para fines militares. 

Esto no fue óbice para que el Canciller Benjamín Ortiz, demócrata cristiano y ex director del diario HOY, proclamara reiteradamente que la Comisión estaba en su pleno derecho de negociar la entrega de la Base, con absoluta prescindencia del Congreso, pues supuestamente la finalidad de este acto de traición nacional tenía el inocente objeto de combatir el narcotráfico mediante inspecciones y monitoreo aéreo.

Así lo estipulaba la letra del convenio, pero los norteamericanos asentados en la Base de Manta extendieron de inmediato sus prerrogativas sobre las aguas territoriales del Ecuador en desvergonzado pisoteo de nuestra soberanía nacional.

Con ello vino una serie de asaltos a barcos de pescadores ecuatorianos por parte de los célebres ´´marines´´ yanquis, el hundimiento de naves sin justificación alguna  y la total desaparición de otras, como fue el caso del barco pesquero Jorge IV, ocurrido el 5 de junio del 2002, y que ha sido señalado por los pescadores manabitas y la ciudadanía como obra de los norteamericanos, que además se adjudicaban el derecho de detener a migrantes ecuatorianos.


Volveremos sobre el tema en próximas entregas, especialmente para apelar a la memoria colectiva en favor de las familias de los desaparecidos bajo la impunidad y soberbia del militarismo yanqui y sus testaferros criollos. Además, les recordaremos a los lectores que el tal convenio fue un pacto bélico ilegal e inmoral, que fue declaradamente usado por los gringos para intervenir en la guerra interna de Colombia y empujar al Ecuador a ese infierno.

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