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miércoles, 1 de marzo de 2017

OPUS DEI, ¿0BRA DEL DIABLO?



Dentro de la Iglesia Católica hay una secta denominada Opus Dei, nombre que se traduce por “Obra de Dios”,  a la cual sus adictos la llaman simplemente “La Obra”. Pues bien, esta secta fue fundada en 1928 por el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer, con el celestial objetivo de producir santos en masa, los mismos que los reclutaba entre jóvenes de las clases ricas, aristocráticas, dominantes con el propósito  de encumbrarlos al poder político.

Desde su fundación las características de esta organización fueron el fanatismo, el secretismo y el sectarismo orientados hacia el servicio a la ultraderecha para sojuzgar material y espiritualmente a los pueblos. Varios ejemplos lo demuestran, siendo el más notable el maridaje del Opus Dei con el régimen fascista de Francisco Franco, tenebrosa dictadura que tiranizó a España por cuarenta años, asesinó, encarceló y lanzó al exilio a millones de  hombres y mujeres.


En nuestra América figuras del Opus Dei estuvieron siempre de lado de las más sanguinarias y corrompidas dictaduras, lo mismo con Pinochet en Chile que con Videla en Argentina.

¿Y en el Ecuador? El personaje del Opus Dei más conocido es el ex arzobispo de Guayaquil Antonio Arregui, sostén apasionado de León Febres Cordero, para cuyo monumento presidió el comité montado en Guayaquil por la oligarquía y fungió de tesorero del mismo. Los crímenes de lesa humanidad y el latrocinio cometidos en montón por el febrescorderato fueron bendecidos por este altísimo dignatario del Opus Dei.

¿Y ahora, cuál es la estrella más brillante del momento? Pues nada menos que Guillermo Lasso Mendoza, quien años atrás se vanagloriaba públicamente de ser parte de esta secta, aunque ahora, de candidato presidencial, ha optado por silenciar esta oscura faceta de su historia, para evitar que los electores- particularmente la juventud- le interroguen acerca de esta turbia y oscura militancia, que se une a su faz de banquero causante, entre otros, del feriado bancario que decretó Jamil Mahuad y que lanzó al hambre y al exilio a incontables millones de ecuatorianos.

¿Obra de Dios u obra del diablo? Júzguelo usted, indulgente lector. Y no  olvide, de paso, que este banquero, aparte de ser superministro de Economía con Mahuad, fue embajador viajero (itinerante) de Lucio Gutiérrez, y antes se desempeñó como Presidente de la Comisión de Tránsito del Guayas, durante el gobierno de Fabián Alarcón, símbolo de la más desvergonzada corrupción que se instauró en 1997 bajo el golpe de Estado capitaneado por Paco Moncayo y los socialcristianos, con la desembozada anuencia del embajador norteamericano Leslie Alexander.

E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe

miércoles, 2 de septiembre de 2015

EL OPUS DEI, LA MAFIA SAGRADA


Fue un sacerdote español, Josemaría Escrivá de Balaguer, quien fundó en los años 30 del siglo pasado   esa secta político  - religiosa denominada Opus Dei, que puede traducirse al nombre arrogante y vanidoso de 'la Obra de Dios'.

Ubicado en el ámbito y los alrededores de la Iglesia Católica, el Opus Dei tiene estructura propia, virtualmente secreta. Concebido como mecanismo de influencia y captación del poder político dondequiera que existe y opera, su red se tiende para pescar adeptos dentro de las élites sociales y económicas de los diferentes países.

Nadie conoce líderes u organismos que  la secta haya desarrollado entre los pobres y desheredados, ese mundo de dolor y lágrimas en el cual se desenvolvió la prédica y la acción del Rabí de Galilea,  cuyo nombre se utiliza con fines de propaganda y de disfraz.

Una prueba contundente del verdadero carácter de esta 'Mafia Sagrada', como la bautizaron autores católicos, es el apoyo que el fundador brindó al Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, que tiranizó y ensangrentó España durante cuatro décadas, primero con el apoyo de Hitler y Mussolini, luego con el sostén económico y militar de los Estados Unidos.

En nuestro país se conoce apenas  acerca de la composición del Opus Dei. Entre los pocos nombres que se han publicitado figuran los de Antonio Arregui y Guillermo Lasso, triste honor que ellos jamás han desmentido. ¿Qué hacen, qué proyectan, dónde se reúnen en nuestro medio los miembros de la 'Mafia Sagrada'? Nadie lo sabe.

Por nuestra parte, conocimos años atrás que a una mansión campestre cercana a Quito, camino de Cunucyacu, los fines de semana ingresaban  sigilosamente carros de lujo pertenecientes a miembros de la secta. Grandes portones, arboledas y guardianes de lujo impedían la vista a los curiosos.

En todo caso, el rol político del Arzobispo Arregui es perfectamente conocido. Siempre se halla junto a la oligarquía porteña, al punto de haber sido el presidente del comité que recogía fondos para la erección del famoso monumento a León Febres Cordero; de allí que no resulta raro que hoy acolite las andanzas preelectorales del banquero Guillermo Lasso, lo cual, por otra parte, tiene pleno derecho a hacerlo dentro de la democracia que vivimos.


Algo trascendental, decimos, y con ello queremos aludir a la necesidad de recuperar en forma clara y decidida el carácter laico del Estado ecuatoriano, que tanto sacrificio le costó a nuestro pueblo y por el cual se agotaron e inmolaron varias generaciones, encabezadas por Eloy Alfaro.

Esto debe hacerse sin vacilaciones, pues el espíritu de García Moreno siempre acecha, ocultándose detrás del Corazón de Jesús para dar el zarpazo y volvernos al tiempo de las cavernas; a ese Ecuador que el Santo del Patíbulo, según Juan Montalvo, dividió en tres porciones: una destinada al encierro, otra al destierro y la tercera al entierro.

Eso es lo que busca la restauración conservadora, de brazo de la restauración neoliberal, ambas representadas por el golpismo que bate sus tambores en las calles, dispuesto a cortar cabezas con la bendición de san Josemaría Escrivá de Balaguer, que pontífices  anteriores a Francisco elevaron a los altares.
  

E-mail: jaigal34@yahoo.es          Twitter: @jaigal34
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martes, 16 de junio de 2015

LOS CAMISAS NEGRAS NO QUIEREN QUE VENGA EL PAPA


Los bribones franceses, ingleses y holandeses que asaltaban Guayaquil durante la Colonia, izaban banderas negras. Una vez saqueado el puerto, violadas sus mujeres y asesinados sus hijos, la ciudad era incendiada y los malhechores se hacían al mar riendo a carcajadas,  borrachos de ron y de fácil victoria. Una historia que hay que recordarla hoy, cuando los herederos de aquellos bribones desempolvan las banderas negras de los antiguos piratas para enarbolarlas contra el tricolor nacional y grancolombiano, nacido en los gloriosos combates de la primera Independencia.. Esto bajo la consigna extranjera y oligárquica de acabar con la Revolución Ciudadana. Para algo están la CIA y el capitalismo salvaje en este mundo.


¿Y qué es aquello de las camisas negras que se han dado en lucir iracundos manifestantes de la oposición, mientras lanzan piedras, palos y botellas contra los simpatizantes de dicha Revolución y su líder,  Rafael Correa Delgado? ¿Acaso se trata de una inocente prenda de vestir como cualquier  otra? Si lo luciera alguna persona suelta, no tendría significado alguno, pero al ser exhibida por un conjunto de furibundos manifestantes callejeros, eso es otro cantar, porque significa que se trata de un uniforme de grupo, de un símbolo de alguna secta, y en este caso hay que apelar a la historia universal, tan desconocida por nuestros jóvenes y tan inteligentemente torcida o escondida- según el caso- por sus manipuladores. Y aquí viene lo bravo:

Benito Mussolini (1883/1945), fundó en 1919 en Italia, su país de origen,  lo que llamó el Partido Fascista con el fin de oponerse a los fuertes avances de la izquierda de su tiempo, para lo cual contó con el apoyo de la banca privada y de los grandes empresarios. Con discursos demagógicos y lenguaje virulento, fue aglutinando a crecientes grupos de la juventud, especialmente del sector pudiente y de las clases medias. 



Mussolini estableció como uniforme de sus huestesla camisa negra, y sus hordas brutales comenzaron su obra de terror, sangre y muerte inmediatamente. Acompañado de 50 mil "camisas negras", el jerarca fascista lanzó el 28 de octubre de 1922  lo que denominó "la Marcha sobre Roma".



El camino quedó sembrado de cadáveres, heridos y gente aterrorizada por los nuevos bárbaros. Adueñado del poder, Mussolini se unió a Hitler para la conquista del mundo en la Segunda Guerra Mundial, siendo  capturado por valerosos guerrilleros de las Brigadas Garibaldi, cuando huía cobardemente disfrazado de soldado alemán. Fue fusilado en medio del repudio universal.



Ahora surge la pregunta, ¿quién organiza y dirige detrás de bastidores a los "camisas negras" ecuatorianos? ¿Quién los financia? ¿Quién los adoctrina? Al respecto, hay datos interesantes: León Febres Cordero en sus furibundos discursos en defensa de los banqueros ladrones, anunció más de una vez su resolución de emprender una "marcha sobre Quito", al mejor estilo fascista, tan del gusto, por lo demás, del Alcalde Jaime Nebot Saadi.



Por su parte, Guillermo Lasso, protagonista de recientes marchas, es distinguido miembro del Opus Dei, la tenebrosa secta que fundara en su hora el célebre sacerdote fascista Josemaría Escrivá de Balaguer, elevado a los altares por Juan Pablo II, después de haber sido uno de los principales sostenes de la dictadura franquista que asoló España por 40 años.



¿No les revela a ustedes algunas conexiones graves este asunto de las banderas negras y las camisas negras? Por de pronto, además de comérselo crudo al presidente Correa, todo el peligroso alboroto político actual oculta un fin anticristiano: crear el caos para dificultar que llegue al Ecuador el Papa Francisco, al cual  en boca chica ya lo acusan de ser "correista" y "comunista", todo porque está de lado de los pobres y critica al capitalismo salvaje.



Los seudo católicos que dirigen estas campañas públicas y secretas, temen que la presencia del Sumo Pontífice  ayude al régimen a consolidar su popularidad. En ese caso, bien querrían los fascistas criollos hacer con el Papa Francisco lo que los fascistas salvadoreños, hijos de la CIA,  hicieron con el obispo Arnulfo Romero: enviarlo al paraíso.





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