El Libertador agonizaba en Santa Marta. Más que las dolencias físicas que le
atacaban cuando apenas tenía 47 años de edad, le atormentaban los espesos
nubarrones que veía apoderarse del cielo de su patria grande; esta América a la
que había entregado todo: juventud, riqueza, sueños, energía de constructor
infatigable. En Junio de 1830, una noticia desgarró su corazón: el asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, Sucre, el más glorioso, puro y leal de sus
egregios capitanes. "Dios mío, se ha derramado la sangre de Abel", es
todo lo que pudo exclamar ante el infame crimen cometido por caínes que
aprovecharon de la Independencia para su propio hartazgo. Luego le invadiría el
pesimismo, al ver destrozada su grandiosa ilusión, la Gran Colombia, y
suponer que había arado en el mar.
Viéndose
impedido de volver a su querida Venezuela, que él hiciera libre, se afirmó su
presentimiento de que sobre nuestros pueblos iba a caer un nuevo coloniaje.
Momentos antes de expirar el 17 de Diciembre, lanzó, más que un suspiro, un
clamor final: "Si mi muerte sirve para que cesen los partidos y se haga la
unión, yo descenderé tranquilo al sepulcro".
Los
partidos no cesaron ni se hizo la unión. Espadones sin conciencia, ávidos de
poder y sacas de oro, oligarcas de viejo y nuevo cuño, jerarcas de la Iglesia,
todos ellos agarrados servilmente a las botas de los nuevos conquistadores, se
juntaron para construir el nuevo coloniaje, refrescando la horrenda maquinaria
con la sangre y el llanto de las masas irredentas. Esa fue, por ejemplo, la
suerte de Venezuela, hasta que advino la Revolución comandada por su
mejor continuador de nuestros días: Hugo Chávez, bajo cuya conducción retorna
el Libertador, y no únicamente porque la Revolución haya tomado su nombre sino
porque ha retomado su camino, para que cese la división de los partidos,
movimientos y comunidades que igualmente buscan la liberación y la vida; para
que renazca, se plasme en realidad, crezca y se amplíe el horizonte de la Gran
Colombia, como viene ocurriendo mediante la forja de UNASUR, ALBA, CELAC y
otras figuras integradoras y solidarias de nuestra América.
Claro que
el camino está lleno de escollos, de asaltantes y acechanzas. Los sectores que
hicieron de Venezuela un gran mercado de hot dogs para el apetito de los
gringos, no se resignan a su destino de basura histórica, mueven y moverán,
cielo, tierra e infierno para reconquistar sus privilegios, para lo cual
cuentan con el apoyo abierto o camuflado de Washington, y con una legión de
poderosas aplanadoras mentales como son hoy los medios privados, aplanadoras
destinadas a triturar la verdad de los hechos y la inteligencia de las masas,
especialmente de la juventud, a la que enamoran con música estridente y
bailoteos de supuesta libertad, mientras le administran drogas de toda clase.
Esto es
justamente lo que vemos en la Venezuela del Libertador, por obra de sus
enemigos. Pero allí también su presencia comienza a prender luces cada vez más
poderosas como es el hecho de los diálogos de paz iniciados entre el gobierno revolucionario
que preside Nicolás Maduro y la oposición no fascista. Diálogos que son
facilitados justamente por UNASUR, cuya potencialidad crece en eficacia y
prestigio, mientras la OEA agoniza sin pena ni gloria, pateada incluso por sus
forjadores: los yanquis.
Ante el momento histórico de
Venezuela y de todo el continente, bien pueden exclamar los pueblos:
Libertador, no has arado en el mar. Tu siembra prodigiosa ya da frutos.
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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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