![]() |
| Gral. Pedro J. Montero |
![]() |
| Leonidas Plaza Gutiérrez |
![]() |
| Carlos Freile Zaldumbide |
Duro en sus convicciones, llevado del afán de
preservar las conquistas de la Revolución Liberal, Montero se levantó en armas,
se declaró Jefe Supremo en Guayaquil y llamó a Eloy Alfaro para que se hiciera
cargo del poder. Se encendió una guerra civil de proporciones nunca vistas.
Alfaro, ya en el país, declaró reiteradamente que no tenía intenciones de
volver al poder. Asumió la jefatura con el exclusivo fin de buscar la paz.
Derrotado Montero, con la garantía de los cónsules de Estados Unidos y Gran
Bretaña, se firmaron las Capitulaciones de Durán, que garantizaban la libertad
y la vida de los generales vencidos. Plaza y Freile violaron inmediatamente los
acuerdos aprobados por ellos y comenzó la cacería en Guayaquil. Fueron
apresados los generales que secretamente habían sido condenados a muerte. Al
General Pedro J. Montero se le realizó un consejo de guerra en la Gobernación,
sin abogados defensores ni testigos de descargo. Allí se le condenó a largos
años de prisión pero en las mismas barbas de los jueces militares, los conspiradores
lo asesinaron a tiros, arrojando el cadáver desde un balcón hasta la calle
donde lo esperaba una horda de caníbales previamente preparada. Montero fue
decapitado, se le extrajo el corazón, le mutilaron los órganos genitales que se
lanzaban unos a otros en medio de estruendosas carcajadas, para finalmente
prender con los despojos del Tigre de Bulubulu la primera hoguera en la Plaza
de San Francisco. Era el 25 de enero.
Esa misma noche Eloy Alfaro y sus
tenientes eran embarcados en el tren con destino a la muerte. Tres días
después, hace cien años, otra jauría de bestias feroces los despedazaba en la
capital y las manos de la contrarrevolución encendía en El Ejido la HogueraBárbara.
![]() |
| Gral. Eloy Alfaro |



