Suma
tan grande que es igual a 300 mil
sueldos básicos de nuestro país. Cuánta propaganda, cuántos sobornos, cuánta
guerra sucia, cuántos mercenarios puede pagar esa millonada. La causa para este
despilfarro sería doble: la decisión de Washington de impedir que un triunfo de
Correa siga al indeseable triunfo de Hugo Chávez, que era el vivo deseo del
aparataje norteamericano encabezado por la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono,
esa santísima trinidad que hace la desgracia del mundo.
Esto
por un lado, y por otro, la feroz avidez con que el Imperio quiere devorar a
Julián Assange, crimen que no puede cometerlo mientras tenga la protección
diplomática del Ecuador. Pero, dicen algunos, ¿qué credibilidad merece la
palabra de Craig Murray? ¿No son más
creíbles los apurados desmentidos del embajador yanqui en Quito, con los cuales ha bendecido a la CIA y
ratificado una extra terrestre política de no intervención por parte de
Washington? Para responder estos interrogantes, hay que señalar que CraigMurray, diplomático, rector de universidades inglesas, mediador en conflictos de África por encargo
de la Corona Británica, además de escritor y periodista, tiene en estos últimos
años un bien ganado prestigio como activista de derechos humanos, especialmente
desde que denunciara, siendo embajador en Usbekistán, en 2004, la utilización
de ese país, situado en la frontera norte de Afganistán como centro carcelario
y pista para los vuelos secretos con destino a las cárceles ocultas de la CIA
en Guantánamo, Polonia, Rumania y tantas otras partes: esto con la complicidad
de los servicios secretos de Gran Bretaña. Cabalmente, estas denuncias le
valieron para ser destituido. La palabra
de una personalidad de estas dimensiones, debe ser creída. En cuando a sus
fuentes, seguramente Murray no las revelará, pero sin duda rondan las clausuras
de la propia CIA, dentro de la cual, para ventura de los pueblos, se ha dado
más de un Philip Agee.
Por
lo demás, creerle al embajador yanqui es soñar con ángeles y querubines. En
nuestra América, la bota sanguinaria del imperio está dondequiera, ya por las
agresiones armadas directas y desembozadas (Cuba, Nicaragua, Guatemala, México,
Grenada, República Dominicana), ya por las “operaciones encubiertas” que
echaron por tierra gobiernos y proyectos democráticos, con casos emblemáticos
como el de Pinochet y dictaduras entreguistas como la del Ecuador, con la Junta
Militar que nos tiranizó desde 1963 a 1966.
P.D. Le
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