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jueves, 2 de junio de 2016

SE MUEVEN LAS FRUTAS


Las hay de todos los colores: amarillas, verdes, azules, rojizas. También de distintos sabores: agrias, agridulces, azucaradas. Igual de distintos estados: verdes, maduras, podridas. Es el baile de las frutas políticas agitadas por el terremoto y  las temibles réplicas,  que apenas se calmarán un poco con las elecciones del año próximo.

Por cierto en el gran frutero electoral van apareciendo tantas frutas que terminarán por zarandearse unas a otras. Ahora mismo hay una vistosa colección de precandidatos presidenciales, unos con vistosas guayaberas, otros con poncho o anaco, o bien con zapatos de futbolistas prematuramente jubilados, sin que falten ex rectores universitarios o ex ministros y ex parlamentarios; en fin, de todo, como en botica.

Hasta hoy no aciertan una, pues la bola de cristal de los brujos de las urnas (tipo Osvaldo Hurtado) está trizada hace fú por la partidocracia, y no la remediarán aquellos “héroes del Cenepa” que, más que por sus hazañas guerreras, han brillado  por sus millonarios depósitos en las cajas fuertes del nunca olvidado notario Cabrera.

Argumentan todos ellos que las candidaturas son lo de menos, que lo más importante es forjar el programa para la salvación nacional, a fin de salir del infierno al que nos ha lanzado Rafael Correa con su Revolución Ciudadana. Pero este cuento del programa viene de antiguo, por lo menos desde que Velasco Ibarra en 1944, luego de La Gloriosa del 28 de Mayo, anunció: “en junio habrá pan para todos”, y lo que tuvo el pueblo que lo encumbró al poder fue palo y cárcel con el golpe de Estado del 30 de Marzo de1946. ¿Y cuál fue el programa de Hurtado una vez asesinado el presidente Jaime Roldós Aguilera? Pues nada menos que la aplicación del “socialismo comunitario”, tirado luego al tacho de basura. ¿Y cuál fue el programa de León Febres Cordero, el adorado apóstol de la oligarquía guayaquileña? Pues aquella vistosa consigna de #pan, techo y empleo”, adobada con la sonora promesa: “Os juro que jamás os traicionaré”, y rociada con la sangre de  jóvenes ecuatorianos, de los Hermanos Restrepo, de un centenar  de mujeres violadas y degolladas por asesinos encubiertos tras la estampa de Camargo, creación del coronel de policía Holger Santana, hoy prófugo de la justicia ecuatoriana y protegido en los Estados Unidos.

A lo dicho se podría agregar la demagogia de Sixto Durán Ballén, levantando la bandera ecuatoriana en El Cenepa bajo el grito de “Ni un paso atrás”, mientras entregaba a precio de gallina robada el gas del Campo Amistad a la compañía norteamericana EDC-Machala Power y sacaba del país, rumbo a Miami en el avión presidencial a familiares suyos para que no les echara mano la justicia en el caso famoso de “Flores y Miel”. A la lista podría agregarse el programa político de Jamil Mahuad, que tuvo su mayor logro en el feriado bancario y el éxodo de tres millones de compatriotas fuera del país; o la declaración de amor de Lucio Gutiérrez a Bush El Genocida cuando le dijo: “ Soy el mejor amigo y el mejor aliado de los Estados Unidos”.

¿Cuál será el programa que nos  ofrecerá  ahora ese cúmulo de cerebros tan altruistas y desinteresados que no quieren “sacrificarse por la patria “en calidad de candidatos? No perdamos el tiempo: la respuesta la tiene esa santísima trinidad que son la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono.

E-mail: jaigal34@yahoo.es            Twitter: @jaigal34
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P.D. Le invito a que escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

Twitter: @lufecahe 

miércoles, 27 de mayo de 2015

LA REVOLUCIÓN DECAPITADA


71 años atrás, el 28 de Mayo de 1944, una poderosa insurrección del pueblo guayaquileño derrocó la sangrienta tiranía de Carlos Alberto Arroyo del Río, oligarca de marca mayor, abogado de compañías extranjeras, señor de las aduanas, abanderado de la corrupción,  gran culpable de nuestra derrota fronteriza de 1941, cuando toda la provincia de El Oro cayó bajo la bota del militarismo peruano, aupado y protegido directamente por el gobierno norteamericano, el cual nos impuso la firma del Protocolo de Río de Janeiro, que nos arrebató 200 mil kilómetros de nuestra Amazonía y nos despojó de nuestros derechos ribereños sobre el Gran Río.

A la par que en Guayaquil, el levantamiento popular estalló en todo el país, en ciudades y campos. Con anterioridad, sólo la Revolución Alfarista había convocado y alzado a las multitudes con tanto fervor y esperanza. Grandes cuotas de cadáveres y heridos pagó el pueblo por su rebeldía y su heroísmo.

Establecido en 1940' gracias al fraude electoral de turno, ese régimen implantó el espionaje interno, el carcelazo y la tortura para todos aquellos que se oponían y denunciaban el despotismo. El brutal Cuerpo de Carabineros, la Pesquisa (mal llamada Servicio de Inteligencia) y altos mandos militares sirvieron entonces de sostén a un gobierno que no vaciló en derramar sangre ecuatoriana durante la permanente represión ejercitada.

En medio de tanto dolor y tanta ferocidad del régimen arroyista, fueron naciendo y creándose organismos fundamentales como la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE), la FEUE, la Federación Ecuatoriana de Indios, las organizaciones de trabajadores agrícolas del litoral, todas bajo la dirección de los partidos de izquierda, principalmente del Partido Comunista y del Partido Socialista. Surgió como fuerza poderosa y unificada la Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE), que entregó el poder a José María Velasco Ibarra, el hábil caudillo que se hallaba en el destierro. Se convocó la Asamblea Constituyente que fue copada por una mayoría de izquierda.

Hasta allí permanecieron izadas las banderas, hasta ese punto llegaron las reivindicaciones de las masas, sus anhelos de libertad, pan y democracia más sentidos. Allí comenzó la caída. Los dirigentes de la revolución, que fue calificada como La Gloriosa, corrieron todos a Quito, en busca de la tajada burocrática y de la representación parlamentaria.

En Guayaquil, en todas las provincias y en la misma capital, los miles de Comités Populares que se habían organizado, quedaron como naves al garete, sin timonel alguno, y para peor, líderes tan destacados como Pedro Saad cometieron el error de unirse a los grandes ingenios azucareros, odiados por las masas, para elevar el precio del azúcar con el argumento de que ello permitiría defender la industria nacional. 

Mientras tanto, Velasco daba giros cada vez más fuertes hacia el abandono del programa de ADE, maldecía abiertamente de la "horrorosa Constitución" que acababa de dictar la Asamblea y, abrazado a sectores oligárquicos, latifundistas y militares derechistas, dió un furibundo golpe de Estado el 30 de marzo de 1946, suprimió las instituciones democráticas, asaltó las universidades, persiguió y encarceló a quienes le habían encaramado a la cumbre de la revolución con la consigna suicida de "todo el poder para Velasco".

El pueblo debió volver a rumiar su hambre y su despecho en los tugurios de siempre, a la espera de nuevos caudillos y nuevas ilusiones.  Su revolución, La Gloriosa,  había sido  decapitada.

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C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
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miércoles, 10 de julio de 2013

LA REVOLUCIÓN OLVIDADA


Pueblo que no conoce su historia no puede encaminarse con firmeza hacia el futuro. Y el pueblo ecuatoriano, su juventud, la conocen mal, la desconocen o la olvidaron. Esto, hoy día, a pesar de las entusiastas proclamas de que tenemos patria para siempre, lo que no nos permite alertar en debida forma sobre los grandes enemigos, internos y externos, de la patria, esto lo constatamos una vez más, ahora el 9 de Julio, cuando casi nadie , dentro o fuera de la Revolución Ciudadana, conmemoró la Revolución Juliana, que estallo en fecha igual en 1925, y que fue el movimiento de transformación política y social más importante del siglo XX en el Ecuador, descontada La Gloriosa (la frustrada Revolución del 28 de Mayo de 1944), que murió al nacer decapitada por el golpe de estado de Velasco Ibarra.
Inmolado Alfaro en la Hoguera Barbará, establecido en el poder el gobierno liberal-conservador de Plaza Gutiérrez, vendría a consolidarse la bancocracia cuyo símbolo fue el Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil, que tenia capitales criollos y peruanos, así como  nexos con la banca norteamericana. Fue tanto el poder de este pulpo financiero, que gozaba del privilegio de emitir la moneda nacional, al punto que el estado ecuatoriano era un mendigo sentado a la puerta del banco. Ese poder le permitía manejar gobiernos a su antojo, manipular el cambio de divisas, provocando disturbios en la economía nacional, siempre a favor de los ricos y en contra de los pobres.  
Esta fue una de las causas que determinaron una huelga general y protestas masivas en Guayaquil, ola de descontento en que las multitudes enardecidas clamaban ingenuamente: ABAJO EL DÓLAR, VIVA EL SUCRE. Esta ola fue ahogada en sangre con la masacre del 15 deNoviembre de 1922, que se conmemora con cruces que frotan sobre el Río Guayas.
El dominio oligárquico y bancario, la masacre mencionada, impulsaron el surgimiento del pensamiento socialista en el Ecuador, la organización de los primeros grandes sindicatos y de la literatura social. En ese marco histórico de protesta y cambio estalló la Revolución Juliana, cuyos protagonistas fueron jóvenes militares nacionalistas y preclaros líderes civiles, entre los cuales descolló Francisco Arizága Luque, que pasó a integrar la Junta de Gobierno revolucionario, y que años después fue el principal líder de Alianza Democrática Ecuatoriana, organización que condujo la insurrección popular, que echó abajo la tiranía de Carlos Alberto Arroyo del Río, cabecilla de la oligarquía porteña. 
La Revolución Juliana, hizo y encaminó grandes realizaciones, figurando entre las más notables la creación del Banco Central y la eliminación del Banco Comercial y Agrícola, cuyo principal dueño Francisco Urbina Jado, fue desterrado al Perú. Tan fuerte fue el impacto de la Revolución Juliana en la vida nacional, que décadas después en 1989, sirvió para que León Febres Cordero, alcalde de Guayaquil, vomitará fuego contra ella durante las manifestaciones que encabezó a favor de la banca chulquera; manifestaciones en que convocaba a marchar sobre Quito y condenaba la Revolución Juliana como “revolución antiguayaquileña”. Prohibido olvidar.

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