Acabamos de enterrar un
mal año, pero este desdichado 2015 nos deja enormes cargas encima. Y un mar de
llanto, pus y sangre, que golpea las costas de los cinco continentes existentes en el orbe, y aún el corazón y el cuerpo de
cientos de países.
Nos deja un mundo sumido
en incontables guerras, fríamente preparadas por los productores y traficantes
de armas, algunas de ellas, como los drones –bombarderos sin piloto- manejadas
desde lejos por operadores yanquis cómodamente instalados ante la pantalla, con
un whisky en la mano, mascando chicle y mirando escenas pornográficas.
Nos deja miles de inmigrantes ahogados en el Mediterráneo mientras huyen del terror y el hambre
desde África o Medio Oriente hacia la Europa
que les saqueó petróleo y minerales y ahora les niega las sobras del festín y
una cobija.
Nos deja miles de
latinoamericanos pugnando por entrar al paraíso norteamericano, calcinados en
el desierto, abatidos por los rambos policiales o asesinados por las mafias
mexicanas.
Nos deja el cadáver de Aylan Kurdi, el pequeño sirio de tres
años, ahogado en su intento de llegar a
Turquía, aterrorizado por las llamas que devoran a su patria.
Nos deja una metrópoli
mundial- los Estados Unidos-, supuesto símbolo de democracia, donde hoy compiten
en busca de la presidencia el republicano Donald Trump, gran productor de muñecas sin cabeza, cazador
de inmigrantes mexicanos y de musulmanes; con la demócrata Hilary Clinton, la
guerrerista que bailó frenéticamente sobre el cadáver de Gadaffi y el suelo
despedazado de Libia.
Nos deja una América
Latina en trance de perder la esperanza, con el retorno de las hordas de
saqueadores capitalistas, criollos unos cuantos pero sujetos, como perros de
presa, a la cadena imperialista, a las corporaciones USA. (Así comienza a
suceder en Argentina y Venezuela).
Nos deja una todopoderosa
red mediática para pescar incautos y convertirlos en victimarios de sí mismos,
en carne de cañón y carne de mercado mediante la desinformación y la mentira.
Nos deja, en fin, un
planeta asolado por el calentamiento global y el cambio climático, que no son obra de ninguna maldición divina sino de la
insaciable avidez del capitalismo
actual, que algunos llaman salvaje, como si alguna vez hubiera existido un
capitalismo civilizado.
Claro, 2015 nos deja
también, afortunadamente, líderes y combatientes revolucionarios por todas
partes, pero que son minorías acosadas, perseguidas, difamadas, amén de
disminuidas o derrotadas por sus propios errores, su miopía dogmática, su
individualismo sectario, su tolerancia frente a la corrupción.
En esas condiciones ¿qué
feliz año 2016 podemos esperar? No seamos candorosos, corteses o hipócritas.
Reconozcamos abiertamente la verdad:
2016 será un año de dificultades universales como nunca, y a la
humanidad entera , a todas las naciones, a todos los pueblos, a todos los vecinos del planeta, a tí y a
mí, solo nos queda una alternativa:
combatir o sucumbir.
Ecuador, 1 de enero de
2016
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P.D. Le invito a que
escriba su comentario en el recuadro de abajo, no importa si está a favor o en
contra. Ejerza su derecho a decir lo que piensa.
C. M. Luis Fernando Carvajal Herrera.
Atte.

